Segovia, una escapada desde Madrid

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A menos de media hora en tren desde Madrid, hacia el noroccidente, se encuentra Segovia, una ciudad marcada por símbolos como el Acueducto y el Alcázar.

El Acueducto de Segovia es imponente con sus 120 pilares, 167 arcos y 20.400 piedras labradas. Foto: Juan Uribe

El Acueducto de Segovia es imponente con sus 120 pilares, 167 arcos y 20.400 piedras labradas. Foto: Juan Uribe

¿Cómo fue posible construir esta estructura sin usar ningún tipo de argamasa para pegar las piedras? Es inevitable plantearse la pregunta mientras la silueta del Acueducto de Segovia se va agrandando a medida que los pasos se dirigen hacia él desde el bus proveniente de la estación del tren que hace unos momentos llegó de Madrid.

El viaje desde la capital de España duró 27 minutos en un tren Avant de Renfe que, a pesar de alcanzar velocidades de hasta 250 kilómetros por hora, permitió disfrutar del paisaje castellano. Ahora, ya en la ciudad, han quedado atrás las lomas suaves del color del trigo y, para concentrarse en la mole que está al frente, la mente ha dejado de imaginar a Don Quijote, a Sancho y a Rocinante recorriendo las laderas.

Este es el tren Avant de Renfe que viaja entre Madrid y Segovia en 27 minutos. Foto: Juan Uribe

Este es el tren Avant de Renfe que viaja entre Madrid y Segovia en 27 minutos. Foto: Juan Uribe

No se sabe con certeza la fecha de construcción del Acueducto de Segovia, pero se estima que fue levantado entre el siglo I d.C. y la primera mitad del siglo II con el fin de traer agua de la sierra de Guadarrama. Es un testimonio del poderío del imperio romano, que en esta obra de ingeniería hidráulica dejó huellas de su ingenio.

Con una altura máxima de 28,10 metros, el Acueducto tiene 120 pilares y 167 arcos elaborados con 20.400 piedras labradas. Todas fueron extraídas de la sierra y están unidas unas a otras mediante un equilibrio perfecto de fuerzas entre ellas. Había que ponerlas en su lugar exacto.

Se calcula que los romanos construyeron el Acueducto de Segovia entre el siglo Id.C. y la primera mitad del siglo II. Foto: Juan Uribe

Se calcula que los romanos construyeron el Acueducto de Segovia entre el siglo Id.C. y la primera mitad del siglo II. Foto: Juan Uribe

Por esta razón era necesario marcar los agujeros dobles que todavía se ven en los extremos de cada sillar (piedra labrada) de granito, debido a que para elevarlos se usaban grandes tenazas metálicas que se cerraban al tirar hacia arriba y se apretaban con el propio peso de la piedra.

El Acueducto de Segovia, que en partes es soterrado, mide cerca de 15 kilómetros y recorre la ciudad de oriente a occidente. Se calcula que los ingenieros romanos trazaron su recorrido hasta el Alcázar, que era el sitio donde se encontraba la primitiva guarnición militar.

Los turistas se encuentran con la Plaza Mayor de Segovia cuando caminan entre el Acueducto al Alcázar. Al fondo se ve la catedral. Foto: Juan Uribe

Los turistas se encuentran con la Plaza Mayor de Segovia cuando caminan entre el Acueducto y el Alcázar. Al fondo se ve la catedral. Foto: Juan Uribe

El tramo que más impresiona es el de la plaza del Azoguejo, en el que el Acueducto alcanza su altura máxima. Allí, al detenerse bajo sus arcos asombra la precisión que se necesitó para colocar las piedras de manera que la estructura no colapsara.

Junto a unos pilares en el extremo occidental de la plaza, una franja de pasto sirve de descanso para que algunas personas se recuesten sobre mantas a dormir una siesta, a comer algo y a conversar mientras que al otro lado del Acueducto los turistas se van perdiendo entre calles peatonales angostas que conducen a cafeterías, a hoteles y a restaurantes en los que se sirve el famoso cochinillo segoviano.

El Alcázar de Segovia, que fue residencia de los reyes de Castilla en la Edad Media, es otro de los íconos de la ciudad. Foto: Juan Uribe

El Alcázar de Segovia, que fue residencia de los reyes de Castilla en la Edad Media, es otro de los íconos de la ciudad. Foto: Juan Uribe

Una de las mejores vistas del Acueducto se obtiene al subir varias series de escaleras hasta un mirador ubicado en el costado occidental. Desde allí, casi a la misma altura a la que discurría el agua, se aprecia el juego de luces y sombras que el sol produce al colarse entre los arcos. En este punto es posible comenzar a caminar por un laberinto de callecitas estrechas que confluyen en la Plaza Mayor de Segovia, donde se erige la catedral.

Más al occidente el camino apunta hacia unos jardines en los que se alza un monumento en homenaje a los artilleros Luis Daoíz y Pedro Velarde, quienes murieron en Madrid el 2 de mayo de 1808 durante la insurrección popular contra las tropas invasoras de Napoleón.

Desde el Alcázar de Segovia se aprecia esta vista. Al lado de la carretera se ve la iglesia de la Vera Cruz, construida en 1208. Foto: Juan Uribe

Desde el Alcázar de Segovia se aprecia esta vista. Al lado de la carretera, a la derecha, se ve la iglesia de la Vera Cruz, construida en 1208. Foto: Juan Uribe

Por entre las ramas de los árboles de los jardines aparece el Alcázar, con su aspecto de palacio de cuento de hadas, que fue edificado sobre los restos de una fortaleza romana. Entre otras cosas, este lugar fue residencia de los reyes de Castilla durante la Edad Media y prisión de Estado en los siglos XVII y XVIII antes de convertirse en el Real Colegio de Artillería en 1764.

Se puede caminar dentro del Alcázar hasta su extremo occidental y divisar hacia afuera de la muralla que rodea a Segovia el paisaje ocre y seco de los alrededores. Llama la atención la iglesia de la Vera Cruz, construida al pie de unas colinas ásperas en recuerdo de la del Santo Sepulcro de Jerusalén por la Orden del Temple en 1208.

Segovia es una ciudad en la que es divertido perderse por sus calles estrechas. Foto: Juan Uribe

Segovia es una ciudad en la que es divertido perderse por sus calles estrechas. Foto: Juan Uribe

Al regresar desde el Alcázar hasta el Acueducto se pasa por calles a cuyos lados se levantan casas de dos y tres pisos, rematadas con techo de teja de barro y adornadas en las fachadas con balcones salpicados de flores y enredaderas. El premio tras la caminata es, de nuevo, contemplar el Acueducto, que en el nivel más alto de sus arcos exhibe una imagen de la Virgen, arropada por una bandera de España. Se dice que esta figura, incrustada en una hornacina (hueco en forma de arco), reemplazó en tiempos de los reyes católicos la de algún dios pagano.

El Acueducto de Segovia es blanco de las cámaras de miles de turistas. En la parte alta del segundo pilar de derecha a izquierda se observa la imagen de la Virgen. Foto: Juan Uribe

El Acueducto de Segovia es blanco de las cámaras de miles de turistas. En la parte alta del segundo pilar de derecha a izquierda se observa la imagen de la Virgen. Foto: Juan Uribe

El Acueducto de Segovia, aún en pie luego de más de dos milenios, ha estado rodeado por una leyenda según la cual fue el diablo el que lo construyó. La estructura también fue fuente de inspiración del poeta Antonio Machado, quien llegó a la ciudad en 1919 para dictar clases de francés e inmortalizó esta obra imperial en su libro Nuevas Canciones: “El Acueducto romano, canta una voz en mi tierra, y el querer que nos tenemos, chiquilla, vaya firmeza!”.

Hoy, en pleno siglo XXI, viajeros de todo el mundo no dejan de apuntar con sus cámaras en dirección al Acueducto y, al igual que Machado, admiran el trabajo hecho por los romanos, que sigue desafiando el paso del tiempo.

Una leyenda afirma que el Acueducto de Segovia fue construido por el diablo. Foto: Juan Uribe

Una leyenda afirma que el Acueducto de Segovia fue construido por el diablo. Foto: Juan Uribe

Segovia y Madrid, unidas por el tren

Tomar el tren desde Madrid hasta Segovia es muy fácil. Se puede llegar en metro a la estación de Chamartín, donde se venden los pasajes (precios desde 8,25 euros por trayecto). Para ver los horarios y la disponibilidad de esta y otras rutas es recomendable visitar la página de Renfe (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles).

La Merendona, para comer en Madrid

Un muy buen sitio para comer en Madrid es La Merendona, en el barrio de Salamanca. Esta pastelería, ubicada a pocas cuadras de sitios icónicos de la capital española como el Parque de El Retiro y la calle de Alcalá, se destaca por su bollería fresca y por su café de excelente calidad.

Entre otras delicias, allí se prueban bizcochos de limón, tartas de manzana, brownies, tartaletas, sandwiches y ensaladas. Dirección: Calle General Pardiñas, 3 28001 Madrid. Teléfono: (34) 917 647 161. Informes: www.lamerendona.com

Roma le hizo un homenaje a Segovia con esta estatua que representa a una loba amamantando a Rómulo y a Remo. Foto: Juan Uribe

Roma le hizo un homenaje a Segovia con esta estatua que representa a una loba amamantando a Rómulo y a Remo. Foto: Juan Uribe

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