Nemocón se une en torno al macramé

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Nemocón, un municipio de Cundinamarca situado 65 kilómetros al norte de Bogotá, es conocido por su Mina de Sal y también por el macramé, el arte de hacer tejidos con nudos.

El contraste de colores y el cuidado en los detalles se aprecian en los diseños de macramé de Myriam Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

El contraste de colores y el cuidado en los detalles se aprecian en los diseños de macramé de Myriam Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

Las manos de Mariela Rodríguez se mueven con agilidad. Sus dedos se deslizan suavemente por entre cintas delgadas de tela azul con las que hace un nudo después de otro hasta completar un triángulo invertido que usará como base para elaborar un pañolón. Ella demuestra cómo se teje en macramé, una tradición que por generaciones ha unido a los habitantes de Nemocón.

En este municipio de Cundinamarca, ubicado 65 kilómetros al norte de Bogotá, los habitantes se han unido alrededor de un estilo artesanal que les dio los medios para subsistir mucho antes de que en la zona se instalaran los cultivos de flores que ahora constituyen una de la principales fuente de empleo en la zona.

Mariela Rodríguez, al fondo, se acerca a la pieza que acaba de tejer en macramé. Este es un arte típico de Nemocón. Foto: Juan Uribe

Mariela Rodríguez, al fondo, se acerca a la pieza que acaba de tejer en macramé. Este es un arte típico de Nemocón. Foto: Juan Uribe

La curiosidad de Mariela por el macramé nació cuando tenía 10 años y se enteró de que a sus amigas del colegio les pagaban por hacer pañolones para Carmen Chíquiza de Rojas, una de las tejedoras más reconocidas del pueblo. “Luego ya les tejía a ella y a su hija, Myriam Rojas, que tienen negocios grandes. Ellas nos daban el galón (este material) y nosotras trabajábamos”, recuerda.

El negocio era próspero y en él participaba toda la familia. “Los niños de la casa nos ayudaban a mí y a mis hermanas. Ellos hacían las tiras más fáciles para engalonar, que servían para que luego termináramos los pañolones que debíamos entregar”, añade. La escena se repetía hace décadas en varias casas de Nemocón, por lo que hoy es común encontrar gente que todavía conoce los secretos del macramé.

Carmen Chíquiza de Rojas posa en su almacén, en Nemocón, con uno de sus pañolones elaborados en macramé. Foto: Juan Uribe

Carmen Chíquiza de Rojas posa en su almacén, en Nemocón, con uno de sus pañolones elaborados en macramé. Foto: Juan Uribe

Deyanira Herrera es una de esas personas. Ella hace búhos, manillas, collares y bolsos en macramé, y lo que sabe sobre este arte se lo debe a lo que aprendió de su abuela. “Antes había mucho trabajo, había empresas que exportaban”, afirma mientras espera la salida de unas modelos que desafían el frío en la noche de Nemocón para exhibir prendas elaboradas en macramé, en una pasarela instalada en el parque principal.

El desfile, que hace parte de la programación del III Festival del Macramé, incluye creaciones de Carmen Chíquiza de Rojas, quien ha llegado a vestir a Andrea Nocetti y a otras reinas que han participado en el Concurso Nacional de Belleza en Cartagena.

Vestidos y otras prendas se vieron en el desfile que se llevó a cabo en Nemocón durante el III Festival del Macramé. Foto: Juan Uribe

Vestidos y otras prendas se vieron en el desfile que se llevó a cabo en Nemocón durante el III Festival del Macramé. Foto: Juan Uribe

Durante el III Festival del Macracmé, en Nemocón, se llevó a cabo un desfile en la plaza principal. Aquí, un vestido de baño diseñado por Myriam Rojas. Foto: Juan Uribe

Durante el III Festival del Macracmé, en Nemocón, se llevó a cabo un desfile en la plaza principal. Aquí, un vestido de baño diseñado por Myriam Rojas. Foto: Juan Uribe

Cuando vivía su esposo, Miguel Ángel Rojas, la señora Chíquiza llegó a darles trabajo a 80 personas de la región. “Yo le decía a la gente: ‘Necesitamos tantos pañolones en este diseño, con estas puntadas’, y a la semana, en los días de mercado, bajaban y traían el pedido. Así se generó empleo para la gente del campo en todas las veredas”, comenta.

Ella habla sobre una característica importante del macramé, que le confiere un valor agregado a este arte en épocas de la producción en masa de miles de objetos: el hecho de que una prenda, ya sea un pañolón, un cinturón, una blusa o un vestido, solamente puede ser confeccionada por una persona. “Hay gente que teje apretado y otra, flojo. Si lo hacen dos personas no queda parejo, se puede ver abombado”, explica.

Por esta razón se necesita -además de amor, la primera condición que ella dice que un tejedor debe tener por su oficio – mucha paciencia para dedicarse al macramé. Lo que más tiempo le ha tomado hacer es un vestido como los que esta noche se aprecian en el desfile: “Un mes, pero dándole unas siete horas al día y parte de la noche “, afirma.

Estas son algunas prendas tejidas en macramé que se ven en la vitrina del almacén de Myriam Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

Estas son algunas prendas tejidas en macramé que se ven en la vitrina del almacén de Myriam Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

 

En la pasarela también se muestran ante el público los diseños de su hija, Myriam Rojas, quien sorprende con vestidos de baño adornados con tejidos en macramé. Causan admiración la elegancia de las modelos y su valentía para soportar los cerca de 11 grados centígrados con los que la noche de Nemocón obliga a los asistentes a abrigarse con chaquetas y gorros.

Hay alegría entre el público del municipio, que no sólo se siente orgulloso de su famosa Mina de Sal sino que ahora busca ampliar su oferta turística para que los visitantes vivan la experiencia del macramé y conozcan a sus artesanos y la manera en que trabajan. De esta manera Nemocón busca darle más fuerza a un arte milenario que cobra fuerza en pleno siglo XXI.

Una prenda de macramé sólo puede ser hecha por una persona para que quede pareja. En la foto se ven detalles de un vestido exhibido en el almacén de Carmen Chíquiza de Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

Una prenda de macramé sólo puede ser hecha por una persona para que quede pareja. En la foto se ven detalles de un vestido exhibido en el almacén de Carmen Chíquiza de Rojas, en Nemocón. Foto: Juan Uribe

Aquí está mi post sobre la Mina de Sal de Nemocón.

La Mina de Sal de Nemocón es uno de los sitios más sorprendentes de Colombia. Foto: Juan Uribe

La Mina de Sal de Nemocón es uno de los sitios más sorprendentes de Colombia. Foto: Juan Uribe

Nemocón y el macramé, en datos

Todas las puntadas del macramé tienen nombre. Se estima que hay cientos de ellas. Algunas son medialunas, esteras, canastas, instalación de Navidad, pensamiento sencillo, pensamiento doble, rosas, cominos, hojas, rombos y amor dormido.

Esta última – explica Carmen Chíquiza de Rojas – es la más pequeña de todas y tiene unos nudos muy cerrados. “Es una puntada muy pequeña, entonces uno se duerme trabajando”, dice.

Al tratarse del macramé, el material es lo de menos. Este tejido puede hacerse con cualquier fibra, como galón, pita, cabuya, lana o cuero.

El pañolón típico de las campesinas se elabora con algodón de seda.

Hace más de 50 años los tejidos de macramé hechos en Nemocón se exportaban a Venezuela y a Estados Unidos.

Dónde comprar productos elaborados en macramé, en Nemocón: Textiles Patricia. Carmen Chíquiza de Rojas. Carrera 6 N° 6-08. Tel: (1) 8544198; 3112344913. Fábrica de macramé y artesanías Myriam Rojas. Carrera 2 N° 0-90. Tel: (1) 8527279; 5788447, 3108740760; macramemyriamrojas@hotmail.com.

Nemocón y la gastronomía

El plato minero es típico de esta zona de Cundinamarca, y era popular entre los trabajadores que se adentraban en las profundidades de las minas de sal de Nemocón y Zipaquirá.

En el restaurante Casazul, en Nemocón, lo preparan muy bien. Allí una porción es más que suficiente para una persona. El plato consta de morcilla, patacón, muslo de pollo, longaniza, carne de res, aguacate, papa sabanera, lomo de cerdo y chimichurri. Informes: Calle 2 N° 1-33. Tel: 3004015508, 3132241041; casazul.ja@hotmail.com.

El plato minero es típico de Nemocón y sus alrededores. Era muy popular entre los trabajadores de las minas de sal de esta zona de Cundinamarca. Foto: Juan Uribe

El plato minero es típico de Nemocón y sus alrededores. Era muy popular entre los trabajadores de las minas de sal de esta zona de Cundinamarca. Foto: Juan Uribe

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