Nadando en el Orinoco

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La estrella fluvial de oriente, donde se unen los ríos Guaviare, Atabapo y Orinoco, está 45 minutos al norte de Inírida. Allí es posible zambullirse en las aguas del tercer río más caudaloso del mundo.

De izquierda a derecha, Sebastien Longhurst, Juan Uribe y Toya Viudes se dan un baño en el río Orinoco. Foto: Cortesía de Sebastien Longhurst

De izquierda a derecha, Sebastien Longhurst, Juan Uribe y Toya Viudes se dan un baño en el río Orinoco. Foto: Cortesía de Sebastien Longhurst

Si no fuera porque la lancha que los ha traído desde Inírida está a pocos metros, es probable que los tres viajeros que acaban de lanzarse al agua ya hubieran entrado en pánico. Flotan en el Orinoco, el tercer río más caudaloso del mundo, en medio de lo que el naturalista y explorador alemán Alexander Von Humboldt bautizó como la estrella fluvial del oriente debido a que en este punto también confluyen los ríos Atabapo y Guaviare.
Las orillas apenas se alcanzan a ver desde el agua, pero afortunadamente la lancha está al alcance con un par de brazadas y de pie sobre ella el guía, Mauricio Bernal, se asegura de que sus pasajeros estén a salvo. Ellos se sienten tranquilos y se ríen, aunque perciben que la fuerza de la corriente los obliga a mover brazos y piernas constantemente para no ser arrastrados quién sabe hasta dónde.
Ahora, un par de horas después de haber aterrizado, están felices como niños en una piscina. Habían ido del avión directamente a las sabanas ubicadas cinco kilómetros al sur del aeropuerto César Gaviria Trujillo para ver donde crece la flor de Inírida, que le da su nombre a la capital del departamento del Guainía. “Dentro de 15 días nadie podrá entrar aquí a pie porque todo va a estar inundado”, les había informado el guía, que se refería a las alteraciones que sufre el paisaje debido al clima.

Cinco kilómetros al sur del aeropuerto César Gaviria Trujillo crece la flor de Inírida, que le da su nombre a la capital del departamento del Guainía. Foto: Juan Uribe

Cinco kilómetros al sur del aeropuerto César Gaviria Trujillo crece la flor de Inírida, que le da su nombre a la capital del departamento del Guainía. Foto: Juan Uribe

En invierno, de abril a noviembre, las lluvias aumentan el caudal de ríos como el Inírida y hacen que el paisaje reverdezca; pero en verano, entre diciembre y marzo, las aguas ceden terreno y unos metros debajo de donde antes navegaban canoas aparecen pictogramas indígenas en las rocas. Incluso se forman algunas playas. Una de ellas todavía se observa a principios de mayo frente al puerto, de donde Bernal y sus huéspedes se habían embarcado con dirección al norte para viajar hasta la estrella fluvial.
Unos diez minutos después de haber partido habían llegado al punto en el que el Inírida pierde su nombre y toma el del Guaviare, que nace en la cordillera Oriental y fluye cargado de sedimentos. Allí se forma un remolino de espumas en el que se confunden el tono ocre del Guaviare y el negro del río Inírida. El color de este último obedece a la abundante vegetación de la selva, donde tiene su origen.
Según Bernal, hasta 800 metros pueden separar las orillas. En ellas crecen platanales y se yerguen ceibas tan altas como un edificio de ocho pisos al lado de ranchos con techo de chiqui chiqui, una palma a partir de la cual se fabrican artesanías hechas de arcilla y la ceniza de un árbol. Entre otros sitios, este trabajo se lleva a cabo en la comunidad de Coco Viejo, en la margen oriental del río.

Es posible pasar la noche en Maviso, una antigua base militar sobre el río Atabapo que ahora está abandonada. Foto: Juan Uribe

Es posible pasar la noche en Maviso, una antigua base militar sobre el río Atabapo que ahora está abandonada. Foto: Juan Uribe

Tres cuartos de hora pasan antes de que los turistas se encuentren de frente con la frontera venezolana, en el pueblo de San Fernando de Atabapo. Aquí los ríos Atabapo y Guaviare descargan sus aguas en el Orinoco, un gigante de 2.140 kilómetros que desemboca en el océano Atlántico y en el que ahora tres personas han saltado al agua y se zambullen.
Luego del chapuzón se montan de nuevo en la lancha que los llevará a pasar la noche en Maviso, una antigua base militar sobre el río Atabapo que ahora está abandonada y donde de noche se oye la respiración de las toninas, los famosos delfines rosados. El sol ya se ha puesto y en el cielo estrellado se dibuja la sonrisa de la luna. Los pasajeros también ríen. No todos los días se nada en el Orinoco.

 

*Invitación de Satena (www.satena.com)

0 Comments on “Nadando en el Orinoco

  1. Me encantaria saber el potencial de pesca deportiva y que especies habitan el rio

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