Ilhéus, las letras de Jorge Amado en Brasil

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Recuerdos de esta ciudad, siete horas por tierra al sur de Salvador de Bahía, a propósito de un libro de uno de los escritores brasileños más importantes de la historia.

Decenas de turistas se toman fotos a diario en el bar Vesuvio, en Ilhéus, junto a la estatua en homenaje al escritor Jorge Amado, que frecuentaba este lugar. Foto: Juan Uribe

Decenas de turistas se toman fotos a diario en el bar Vesuvio, en Ilhéus, junto a la estatua en homenaje al escritor Jorge Amado, que frecuentaba este lugar. Foto: Juan Uribe

“Iniciada a bordo, la amistad que uniría por toda la vida a Jamil Bichara y Raduan Murad prosiguió y se reforzó cuando los dos inmigrantes decidieron, sin consulta previa, intentar la vida en las tierras del sur de Bahía, el recién descubierto Eldorado del cacao”. Así comienza De cómo los turcos descubrieron América, una novela del brasileño Jorge Amado que encontré el domingo pasado en una feria de libros usados en Bogotá.

El hallazgo, por el que pagué diez mil pesos, me recordó un viaje en barco que hice a lo largo de la costa de Brasil desde Santos hasta Salvador de Bahía. El crucero de la compañía MSC se detuvo en Ilhéus, un puerto que vivió su época de esplendor entre los siglos 19 y 20, cuando fue centro del cultivo y la exportación del fruto esencial para la elaboración del chocolate.

Vista de Ilhéus desde la Casa de Cultura Jorge Amado, donde el escritor vivió hasta los 16 años. Foto: Juan Uribe

Vista de Ilhéus desde la Casa de Cultura Jorge Amado, donde el escritor vivió hasta los 16 años. Foto: Juan Uribe

Amado nació en 1912 en la vecina Itabuna. No obstante, su infancia transcurrió en Ilhéus, donde existe un barrio en su honor y se puede visitar la casa en la que vivió hasta los 16 años. Es la misma donde creó su primera novela, El país del carnaval, en 1931. Este lugar, la Casa de Cultura, lleva su nombre y es un museo donde los turistas pueden apreciar su cuarto y algunos de sus objetos personales.

Antes de entrar en detalles sobre las aventuras de los dos ‘turcos’ (el sirio Jamil Bichara y el libanés Raduan Murad) en su nuevo país, Amado hace énfasis en la importancia del lugar al que arribaban quienes perseguían el sueño cacaotero: “También los árabes, apenas descendían del barco de la Compañía de Navegación Bahiana, en el puerto de Ilhéus, tomaban el rumbo de la selva, partían en busca de fortuna segura y fácil”.

La Casa de Cultura Jorge Amado, en Ilhéus, está abierta para las visitas. Foto: Juan Uribe

La Casa de Cultura Jorge Amado, en Ilhéus, está abierta para las visitas. Foto: Juan Uribe

En esta ciudad, cerca de la casa donde creció, las huellas del escritor se perciben en el bar Vesúvio, escenario de su libro Gabriela, clavo y canela, que narra la historia de amor entre la mulata Gabriela y Nacid, un negociante árabe. Allí hay una estatua de Amado con la que muchos se toman fotos y se vende jugo de cacao, muy refrescante y de un sabor similar al de la guanábana.

De cómo los turcos descubrieron América es, según el autor, una “novelita”. Es una obra salpicada de ingenio y humor en la que la amistad de Jamil y Raduan supera las diferencias de nacionalidad; de religión (el primero es mahometano y el segundo, nacido en familia cristiana del rito maronita) y de edad, pues Jamil no ha llegado a los treinta años y Raduan es un cincuentón.

Además, “a Jamil Bichara no le faltaba disposición para el trabajo”, en tanto que Amado asegura de Raduan Murad que era “fugitivo de la justicia que lo perseguía por holgazanería y afección a los naipes”; también, que “no había trabajador más aplicado y cumplidor en mesa de póquer o de cualquier otro juego de azar”.

Otro ángulo de la estatua en homenaje al escritor Jorge Amado, en el bar Vesuvio, en Ilhéus. Foto: Juan Uribe

Otro ángulo de la estatua en homenaje al escritor Jorge Amado, en el bar Vesuvio, en Ilhéus. Foto: Juan Uribe

La historia gira alrededor del consejo que Raduan le da a Jamil en el sentido de casarse con Adma, hija del comerciante Ibrahim, que no se caracteriza ni por su belleza ni por su dulzura. A cambio del enlace, Jamil se convertiría en socio de su futuro suegro en el almacén El Baratillo. Se trata de una historia amena como un paseo por las calles de Ilhéus, la llamada capital del cacao.

Así como Jorge Amado es casi sinónimo de Ilhéus (adivinen cómo se llama su aeropuerto), el cacao está por todas partes en la ciudad: hasta las canecas donde se bota la basura tienen la misma forma ovoide de la fruta y en la Plaza del Cacao es posible comprarla y sacarle el jugo a la pulpa que cubre las pepas.

En Ilhéus la riqueza que dejó el comercio del cacao se refleja en las mansiones de los llamados ‘coroneles’, que eran los dueños del negocio; en las iglesias, entre ellas la catedral de San Sebastián, de estilo neoclásico; y en varias estatuas de mármol de Carrara, como la de la poeta griega Safo. Todo esto, adobado con la simpatía de la gente del nordeste brasileño, se suma al legado literario de Jorge Amado para hacer de Ilhéus un destino especial en el país más grande de Suramérica.

El comercio del cacao dejó prosperidad en Ilhéus, en la costa de Brasil. Foto: Juan Uribe

El comercio del cacao dejó prosperidad en Ilhéus, en la costa de Brasil. Foto: Juan Uribe

 

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