Guayas, entre mangles, cascadas y cultura

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La provincia del Guayas, en Ecuador, es un ejemplo de que el turismo, en lugar de ser depredador, puede contribuir al desarrollo de las comunidades.

Una turista chilena aprecia la cascada La Isabelita, en Bucay, en la provincia ecuatoriana del Guayas.

Una turista chilena aprecia la cascada La Isabelita, en Bucay, en la provincia ecuatoriana del Guayas. Foto: Juan Uribe

Al ver a Milton Jordán dirigir la lancha que a media mañana transporta a un grupo de unos 15 turistas que recorren el refugio de vida silvestre Manglares El Morro, su mirada serena parece perderse en el horizonte y una sonrisa leve se dibuja en su cara de color cobrizo mientras bandas de fragatas, garzas y cormoranes rayan el cielo azul. Podría pensarse que el suyo no es un trabajo.

Aquí, en Puerto El Morro, 106 kilómetros al suroccidente de Guayaquil, nació Milton hace 36 años, y este es el lugar donde su vida cambió en 2011, cuando el turismo le permitió abandonar su antiguo oficio de guardia de seguridad. “Esto es más divertido que cuidar un edificio. Ser guardia es esclavizante; aquí soy mi propio jefe, pero hay que ser organizado”, admite. De repente, disminuye la potencia del motor de la embarcación y aguza el oído. “Por ahí están los delfines”, dice.

Estos mamíferos constituyen otra de las atracciones que los viajeros vienen a ver a la provincia ecuatoriana del Guayas. En este punto del estuario interior del golfo de Guayaquil los delfines nadan en libertad. A diferencia de lo que ocurre en cientos de parques temáticos en todo el mundo, aquí no saltan ni les dan besos a los turistas, pero eso mismo hace más emocionantes los momentos en que emergen del agua y dejan ver lomos y aletas cuando toman aire.

Milton Jordán dejó de ser guardia de seguridad para llevar turistas a recorrer los manglares en Puerto El Morro.

Milton Jordán dejó de ser guardia de seguridad para llevar turistas a recorrer los manglares en Puerto El Morro. Foto: Juan Uribe

“El avistamiento de delfines requiere paciencia porque estos animales son silvestres; no están amaestrados”, explica José Morales, el guía de la excursión. Él tiene 18 años y está estudiando biología. “Hasta 2007, cuando esta zona fue declarada área protegida, las personas talaban el mangle para construir casas. Ahora, los que talaban el mangle se dedican al turismo”, cuenta al referirse a la importancia de estos arbustos corpulentos sobre cuyas ramas los pelícanos se observan pensativos.

Él y los habitantes de Puerto El Morro son conscientes de que, a la larga, es provechoso proteger el entorno: en el mangle rojo viven conchas, mejillones, cangrejos rojos y ostiones de un color blancuzco que se aferran a los troncos. Sin mangles, la gente no podría vivir de cuidar la naturaleza. Los peces no tendrían qué comer, los delfines se irían en busca de alimento y personas como Milton se verían obligadas a emplearse como guardias.

Si este ecosistema se arruinara, probablemente el hombre que ahora navega con un remo en las manos en una canoa impulsada por una vela verde también tendría que huir a la ciudad y encontrar un trabajo distinto para sobrevivir. Milton lo conoce. Dice que es un pescador que va a atrapar cangrejos escondidos en el fondo del lodo. “Para cogerlos hay que acostarse en el fango y hundir varas que miden cerca de un metro de longitud y terminan en curva, como anzuelos”, cuenta. El objetivo – agrega- no es atravesarlos con la vara porque se deben cocinar vivos.

Cangrejos recién sacados del manglar en Puerto El Morro, 106 kilómetros al suroccidente de Guayaquil.

Cangrejos recién sacados del manglar en Puerto El Morro, 106 kilómetros al suroccidente de Guayaquil. Foto: Juan Uribe

Para tranquilidad del pescador, de Milton y de los habitantes de la zona, desde hace unos años la prefectura del Guayas se ha dedicado a capacitar en turismo comunitario a los habitantes en este refugio natural de 10.130 hectáreas y ha propiciado la unión entre ellos. Según Daiana Tanner, del departamento de comunicaciones de la Dirección de Turismo del Guayas, la idea es que el ejemplo de El Morro se multiplique.

“Hace más de un año se aliaron dos operadores turísticos que prestan servicios distintos pero que se complementan: uno tiene el puerto y el otro, el restaurante”, afirma. Por eso, antes de montarse en la lancha con Milton y con José, los visitantes pueden probar unos deliciosos platos de chicharrón de mariscos que tiene corvina, camarón, cangrejo, concha prieta y churo (un caracol).

Ese es el aperitivo de un almuerzo poderoso en uno de los restaurantes más reconocidos de la provincia, La ostra que fuma (el nombre obedece al hecho de que este molusco se sirve todavía humeante). El local, situado en el cantón General Villamil Playas, se encuentra unas cuadras más adelante de un llamativo muro al lado de la carretera en el que se proclama al clima de este municipio como el “segundo mejor del mundo”.

Juan Reyes exhibe la ostra gratinada, una delicia que prepara en el restaurante La ostra que fuma, en Playas (Ecuador). Foto: Juan Uribe

Juan Reyes exhibe la ostra gratinada, una delicia que prepara en el restaurante La ostra que fuma, en Playas (Ecuador). Foto: Juan Uribe

El restaurante funciona desde el primero de enero de 2009 y es famoso por su historia, que recuerda Juan Reyes, hijo del fundador del sitio. “Hace 20 años mi papá era el único pescador que se dedicaba a coger ostras en la zona. Lo veían por ahí y la gente preguntaba: ‘¿‘Quién es ese’?’. ‘Ese es Juan Ostras’, respondían’, y se quedó así”, afirma este hombre de 39 años, quien explica que para sacar las ostras es necesario bucear a profundidades de entre 12 y 14 metros y despegarlas de las rocas. Cada inmersión – comenta – dura hasta 40 segundos.

De la playa a la sierra

Debido al excelente estado de las carreteras en Ecuador, los viajes por tierra son agradables. Por eso es posible atravesar la provincia del Guayas de occidente a oriente y en unas tres horas y media llegar de la playa a la montaña. En la mitad del camino, aproximadamente, está Guayaquil, la capital económica del país.

Durante el recorrido se aprecia cómo queda atrás el paisaje árido de la costa y van apareciendo tecas, casas de guadua, cultivos de banano y de mango, así como cañaduzales. Por las ventanas del bus se ven arrozales sembrados con banderas negras que, agitadas por el viento, espantan a las tilingas, unos pájaros negros que se comen los granos.

Al llegar a la estación de trenes de Bucay, a 1.100 metros sobre el nivel del mar, la temperatura ronda los 20 grados centígrados. Desde allí se emprende un viaje en chiva hasta el conjunto de cascadas Piedra Blanca por una carretera destapada que abraza la montaña en medio de una neblina que arropa al bosque. Después es preciso caminar unos 10 minutos hasta el pie de una caída de agua que sirve para practicar rappel.

A la derecha de este abismo se descuelga la cascada La Isabelita, de 90 metros de altura, que se ciñe a las rocas del cerro y se precipita sobre un pozo en el que es irresistible darse un chapuzón. Flotar boca arriba en el agua, con la mirada puesta en la cascada, que parece rasgar las nubes, es uno de los mejores planes de este viaje.

La tarde cae y es hora de volver a la chiva. De regreso los pasajeros se detienen en un trapiche ubicado al lado de la vía que, gracias al turismo, se ha convertido en una fuente de ingresos para la comunidad. Allí, los viajeros pueden tomar jugo de caña que ellos mismos exprimen tras empujar en círculos un pesado tronco de madera de cabo de hacha que pone en funcionamiento un sistema de engranajes.

Visita a la comunidad shuar en Bucay. De izquierda a derecha, Inchis Tibiram, Fátima López, Christian López y Luis Jimbicti. Foto: Juan Uribe

Visita a la comunidad shuar en Bucay. De izquierda a derecha, Inchis Tibiram, Fátima López, Christian López y Luis Jimbicti. Foto: Juan Uribe

La experiencia continúa con una visita a la comunidad shuar, conformada por indígenas descendientes de aquellos que hace 150 años abandonaron el Amazonas para asentarse en la sierra. Sus costumbres, bailes y rituales siguen vivos. Su cultura también se manifiesta en platos como el ayampaco, consistente en pollo o pescado relleno de palmito y acompañado con yuca y una salsa un poco picante que tiene cilantro y otras hierbas. Para beber hay yuca de chicha que Luis Jimbicti, líder de la comunidad, ofrece a los recién llegados.

Luis sabe que lo que para él y su gente forma parte de la rutina, para personas que vienen de otras regiones de Ecuador y del mundo es algo fuera de lo común. Por eso instruye amablemente a los recién llegados sobre aspectos esenciales del pueblo shuar, como las danzas y las artesanías elaboradas con vegetales. Al igual que Milton Jordán, a quien ahora sus jornadas laborales más relajadas en el manglar le permiten tener tiempo para dedicarse a tocar música andina, Luis tiene claro que el turismo es una muy buena opción para que las comunidades encuentren la prosperidad.

*Invitación del Gobierno Provincial del Guayas y de Jimmy Jairala (prefecto).

 

 

La ruta del cacao

 

Cultivos de cacao en la hacienda El Castillo, 45 minutos al sur de Guayaquil. Foto: Juan Uribe

Cultivos de cacao en la hacienda El Castillo, 45 minutos al sur de Guayaquil. Foto: Juan Uribe

Unos 45 minutos al sur de Guayaquil se puede visitar la hacienda El Castillo, que tiene 130 hectáreas sembradas con cacao y otras 10 con mango. En este lugar los turistas son recibidos con un refrescante vaso de jugo de cacao, de sabor un poco ácido, similar al de la guanábana.

Allí se pueden recorrer partes de las plantaciones y aprender sobre el proceso de producción del chocolate. La hacienda El Castillo ofrece alojamiento en cinco habitaciones, con capacidad para 16 huéspedes. Una noche allí cuesta 100 dólares por persona, con desayuno incluido.

Informes: www.haciendaelcastillo.ec; 593 99 3559846

 

 

Datos útiles antes de viajar

Hotel Courtyard Marriott Guayaquil. Avenida Francisco de Orellana 236, Guayaquil. Teléfono: 593 460 09200. En internet: http://www.marriott.com/hotels/travel/gyecy-courtyard-guayaquil/

Para comer: La ostra que fuma. Las ostras gratinadas están muy bien preparadas. Avenida Zenón Macías 107, General Villamil Playas. @laostraqfuma

 

Mayor información sobre turismo en la provincia del Guayas

Cascada Gallo de la peña. Recorridos por bosque primario y senderismo en Bucay. Informes: Aso5deseptiembre@hotmail.com; 098 4320930, 0993 103786.

Comunidad shuar. Danzas, comidas típicas y artesanías. Vía Recinto Limón, a 3 kilómetros del barrio Cristo Rey. Informes: 0997859647.

Finca turística El Progreso. Cabañas de hospedaje, comida típica, senderismo, visita a cascadas. Informes: Pablo Villamarín 098 6110189, 0992429488.

BucayTur. 098 8358021, 098 2226751; jhonnybarrera@outlook.com

En Twitter: @turismoguayas @PrefecturGuayas @jimmyjairala

Chicharrón de mariscos, en Puerto El Morro, que tiene corvina, camarón, cangrejo, concha prieta y churo (un caracol). Foto: Juan Uribe

Chicharrón de mariscos, en Puerto El Morro, que tiene corvina, camarón, cangrejo, concha prieta y churo (un caracol). Foto: Juan Uribe

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