Guainía y su estrella fluvial

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Humboldt se asombró con esta zona del oriente de Colombia a comienzos del siglo XIX. Hoy el Guainía sigue siendo abundante en sitios atractivos para los viajeros.

Los colores amarillos, anaranjados y rojos los produce la luz al penetrar en las aguas selváticas del río Atabapo. Foto: Juan Uribe

Los colores amarillos, anaranjados y rojos los produce la luz al penetrar en las aguas selváticas del río Atabapo. Foto: Juan Uribe

Aunque el agua se ve azul desde la lancha, esto no es el Caribe. Es la selva del Guainía, y cuesta aún más creerlo cuando la embarcación enfila hacia una orilla del río Atabapo y al frente se va agrandando poco a poco la playa blanca.

Atrás ha quedado la vegetación espesa de la reserva natural Moru, donde el calor y la humedad convierten el aire en una masa densa difícil de respirar cuando se camina sobre capas de hojas secas que forman un colchón y amortiguan los pasos.

Los taninos que produce la vegetación descompuesta son los causantes de que el río Atabapo y otros que nacen en la selva sean de un color negro que se asemeja a los tonos del té. Mientras el Guaviare es café por arrastrar sedimentos de la cordillera donde nació, el Atabapo es un espejo en el que se reflejan los matices del cielo: si hay muchas nubes, el río es una superficie gris reluciente; si está despejado, la corriente devuelve la imagen de un azul intenso.

El agua del río Atabapo, en el Guainía, es de color negro pero se ve azul debido a que el cielo está depsejado. Foto: Juan Uribe

El agua del río Atabapo, en el Guainía, es de color negro pero se ve azul debido a que el cielo está despejado. Foto: Juan Uribe

Para llegar a este sitio llamado Playa Blanca es preciso volar hasta el Guainía. Este es uno de esos departamentos cuyos nombres, si acaso, se aprenden en el colegio; pero que infortunadamente la mayoría de colombianos hemos ignorado toda la vida. Está en el oriente del país, linda con Venezuela por el oriente y con Brasil por el sur.

La capital del Guainía es Inírida, una ciudad de 17.000 habitantes desde donde se pueden visitar al sur sitios como los cerros de Mavicure (este es mi post sobre el ascenso al cerro); y al norte, la estrella fluvial, que es llamada de varias maneras: de Inírida, del Orinoco, de Humboldt…

El verano, que va de diciembre a marzo, ya empieza a desnudar las rocas en el río Orinoco, en la estrella fluvial de Inírida, en Guainía. Foto: Juan Uribe

El verano, que va de diciembre a marzo, ya empieza a desnudar las rocas en el río Orinoco, en la estrella fluvial de Inírida, en Guainía. Foto: Juan Uribe

Este último nombre se le dio en homenaje al naturalista alemán Alexander von Humboldt, quien a comienzos del siglo XIX había bautizado la zona como la estrella fluvial del oriente debido a su enorme riqueza hídrica: aquí los ríos Atabapo y Guaviare descargan sus aguas en el Orinoco, un gigante de 2.140 kilómetros que desemboca en el océano Atlántico.

Por la estrella fluvial se pasa para encontrar a Playa Blanca, donde la arena es fina y suave. Sólo faltan las palmeras y el murmullo de las olas para crear en la mente la idea de estar asoleándose en una isla tropical.

Lo que no es una ilusión es el cambio cromático que ocurre a medida que los pies van entrando en el agua: la piel se ve amarilla al hundirse unos pocos centímetros, y entre mayor profundidad alcanza se va tiñendo de anaranjado y de rojo.

Al sumergirse con una careta frente a Playa Blanca, en el río Atabapo, en Guainía, es extraña la sensación de estar buceando en agua roja. Foto: Juan Uribe

Al sumergirse con una careta frente a Playa Blanca, en el río Atabapo, en Guainía, es extraña la sensación de estar buceando en agua roja. Foto: Juan Uribe

Al igual que sucede con este fenómeno provocado por la luz al penetrar en las aguas selváticas, también causan sorpresa al navegar por el Guainía las rocas que emergen como ballenas asomando sus lomos. Estas piedras, que el verano desnuda con lentitud, pueden ser esquivadas sin dificultades por los botes; pero hay otras que yacen bajo el agua, a manera de icebergs.

Por eso recorrer estos ríos no es un asunto sencillo y lancheros experimentados como Ómar Echavarría conocen los ríos de memoria, sin necesidad de señales de tránsito que les indiquen la proximidad de un peligro.

La piedra de Maviso, sobre el río Atabapo, en el Guainía, sirvió de base militar. Hoy está abandonada. Foto: Juan Uribe

La piedra de Maviso, sobre el río Atabapo, en el Guainía, sirvió de base militar. Hoy está abandonada. Foto: Juan Uribe

Al deslizarse por las aguas del Guainía es posible observar fugazmente – con suerte y paciencia – las aletas brillantes de las toninas (delfines) que suben a respirar a la superficie; también, asistir al espectáculo que supone la estrategia de caza de estos mamíferos, que rodean a los peces y los obligan a saltan desesperadamente para escapar de sus mandíbulas.

En el Guainía los ríos son las arterias por las que durante miles de años se han movido oleadas migratorias de grupos indígenas. Y siguen siendo vías de comunicación esenciales que conectan a los pueblos.

Los atardeceres frente a la comunidad de Coco Viejo, en el Guainía, son un espectáculo. Foto: Juan Uribe

Los atardeceres frente a la comunidad de Coco Viejo, en el Guainía, son un espectáculo. Foto: Juan Uribe

Por eso – a pesar de las tensiones que los políticos se empecinan en crear – existe un flujo permanente de embarcaciones pequeñas entre Amanavén, del lado colombiano (pertenece al departamento del Vichada), y San Fernando de Atabapo, del venezolano. Ambos pueblos están separados por el cauce del Orinoco, que sirve de frontera natural.

Cerca de allí está la piedra de Maviso, una antigua base militar sobre el río Atabapo que ahora está abandonada y en ruinas. Tampoco está lejos Playa Blanca, donde la paleta de colores amarillos, anaranjados y rojos del agua se extiende en el horizonte al azul del río y al verde de la franja de vegetación que se levanta en la orilla opuesta.

Al sur de la estrella fluvial, yendo de regreso hacia Inírida por el río Guaviare, las rocas de la comunidad de Coco Viejo son graderías ideales para apreciar atardeceres que se disfrutan en silencio. Así, sin ruido y en calma, a veces se aprecian mejor maravillas de la naturaleza como las que le sobran al Guainía.

*Invitación de Fontur

Embarcaciones de distintos tamaños circulan por los ríos del Guainía. Esta navega en el río Atabapo, cerca de la frontera con Venezuela. Foto: Juan Uribe

Embarcaciones de distintos tamaños circulan por los ríos del Guainía. Esta navega en el río Atabapo, cerca de la frontera con Venezuela. Foto: Juan Uribe

Guainía, antes de ir

Es aconsejable llevar camiseta de manga larga, pantalones livianos de secado rápido, sombrero y bloqueador solar. Además de agua abundante, los frutos secos y el maní son buenos compañeros de viaje. En las caminatas por la selva es importante usar botas de caucho para evitar mordeduras de serpientes.

La aerolínea Satena opera vuelos directos entre Bogotá e Inírida.

En la reserva natural Moru se ofrece alojamiento en hamacas. Hasta allí se llega desde Inírida, la capital del Guainía, en algo más de una hora en lancha. Foto: Juan Uribe

En la reserva natural Moru se ofrece alojamiento en hamacas. Hasta allí se llega desde Inírida, la capital del Guainía, en algo más de una hora en lancha. Foto: Juan Uribe

Alojamiento

Reserva Natural Moru Área de Recursos de Bajo manejo. Este lugar está ubicado frente a la estrella fluvial de Inírida. Allí se ofrece alojamiento en hamacas con toldillo y es posible hacer caminatas ecológicas por la selva, junto al río Orinoco. Informes: Fundación Biológica Aroma Verde. 3112119364, 3162660147.

La Cabaña Guainiana, en Inírida. Allí es delicioso el jugo de camu camu, un fruto amazónico. Tarifa, desde $ 80.000 por persona, por noche, con desayuno y uso de bicicleta. Calle 16 N° 15-57, vía al aeropuerto. Informes: 3108525177; www.lacabanaguainianayhbc.com.co; joacohotel@hotmail.com

Colombia Ecológica ofrece planes ecoturísticos a los cerros de Mavicure y a otros atractivos del departamento del Guainía, como la estrella fluvial de Inírida y la reserva natural Moru. Camilo Puentes es un excelente guía. Informes:  3112133275; colombiaecologica@hotmail.com

 

Aquí se puede leer sobre el ají del Guainía, una de las delicias de este departamento.

Playa Blanca, sobre el río Atabapo, en el Guainía, es un buen lugar para tomar el sol. Foto: Juan Uribe

Playa Blanca, sobre el río Atabapo, en el Guainía, es un buen lugar para tomar el sol. Foto: Juan Uribe

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