Globo, paisaje y café

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El Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el escenario de una experiencia inolvidable: un vuelo en globo en Montenegro (Quindío).

El Paisaje Cultural Cafetero se aprecia desde el aire en un viaje en gobo sobre Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

El Paisaje Cultural Cafetero se aprecia desde el aire en un viaje en gobo sobre Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

No se siente una fuerza que nos jale súbitamente hacia arriba, pero poco a poco las figuras de los campesinos que dicen adiós desde el maizal del que acabamos de despegar se van reduciendo hasta convertirse en puntos diminutos. También parecen hormigas las personas que salen de las casas de las fincas para dirigir la mirada hacia el cielo y ver el globo verde y amarillo elevarse lentamente.

El segundo vuelo de esta mañana que opera Globos Colombia se ha iniciado. Al mando está el capitán Amancio Sánchez, un español que hace cuatro años llegó a Colombia con su esposa, Adriana Gómez. Ella, desde una camioneta en la que recorre las carreteras del municipio de Montenegro, en el departamento del Quindío, rastrea el globo y se mantiene en contacto por radio con Amancio.

El globo de Globos Colombia ofrece esta vista a 700 metros de altura sobre Montenegro (Quindio). Foto: Juan Uribe

El globo de Globos Colombia ofrece esta vista a 700 metros de altura sobre Montenegro (Quindio). Foto: Juan Uribe

Esta comunicación permanente es esencial para la operación. Así lo explica el piloto: “Uno sabe de dónde despega, pero no dónde aterriza; depende de adónde el viento lleve al globo”. Así que Amancio le dice a Adriana por dónde está sobrevolando y ella desde abajo se asegura de encontrar el punto de aterrizaje, que nunca es el mismo.

Amancio, piloto de globo hace 20 años, hace énfasis en que la nave no tiene timón y va a merced de las corrientes de aire. “Cuando llega el momento de aterrizar vamos volando bajito y trazamos una línea en la que nos lleve el viento. Cuando ubiquemos un camino o un espacio libre para poder ubicar allí el globo y que llegue el carro a recogernos, ese será el punto de aterrizaje”, cuenta.

Adriana Gómez y Amancio Sánchez se alistan para desplegar el globo que sobrevolará Montenegro, en el Quindío. Foto: Juan Uribe

Adriana Gómez y Amancio Sánchez se alistan para desplegar el globo que sobrevolará Montenegro, en el Quindío. Foto: Juan Uribe

Tiene razón. Para unirnos a Amancio en la canastilla del globo que ahora flota bajo el cielo encapotado, los tres pasajeros del segundo viaje tuvimos que arrastrarnos bajo los alambres de púas de una cerca que bordea un cultivo de maíz. Ese fue el lugar donde se posó el aparato con los otros turistas que habían comenzado su viaje hace alrededor de una hora en un potrero cercano al Parque Nacional del Café.

Como dice Adriana, “hay que estar listo para lo que sea” con tal de llegar al pie del globo y, en caso de ser necesario, hacerle contrapeso y servir de ancla por si la brisa está soplando con mucha fuerza.

Inflar el globo toma unos 30 minutos. Luego sobrevolará el Paisaje Cultural Cafetero en el Quindío. Foto: Juan Uribe

Inflar el globo toma unos 30 minutos. Luego sobrevolará el Paisaje Cultural Cafetero en el Quindío. Foto: Juan Uribe

Adriana y Amancio conforman un equipo que desde hace tres años ofrece la experiencia de ver desde el aire el Paisaje Cultural Cafetero. Flotar a 700 metros de altura supone estar de pie en un balcón de 360 grados desde el que se aprecian diferentes matices de verde: el oscuro de miles de cafetos que tapizan laderas suaves; el intenso y más claro de árboles de plátano que despliegan sus hojas lisas hacia el sol; el tono casi amarillo de guaduales que semejan ríos de colores a punto de desbordarse. Al observar desde arriba ese conjunto de formas y texturas, se comprende fácilmente por qué la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a este territorio en junio de 2011.

A Amancio siempre le ha gustado volar. Se inició en el parapente en los años 80 y desde cuando obtuvo su licencia europea para pilotar globos ha acumulado unas 1.500 horas de vuelo. Ha flotado sobre España, Portugal y otros países de Europa. También ha sobrevolado el desierto del Sahara y sitios en Marruecos, Túnez, Argelia, Ecuador, México y Brasil. Es un experto en paisajes. “Este verde es distinto al que he visto en otras partes. En la Costa Brava, en España, los verdes son más fuertes; allá no hay tanto contraste de verdes, no hay tanto mosaico como aquí”, declara este hombre nacido en Girona, en la comunidad autónoma de Cataluña.

Así se ve la canastilla del globo mientras la vela se está inflando. Foto: Juan Uribe

Así se ve la canastilla del globo mientras la vela se está inflando. Foto: Juan Uribe

Gracias a su experiencia, Amancio consigue que el globo descienda en una hondonada sin tocar el suelo para luego ganar altura. Lentamente van apareciendo ante la vista las ramas más altas de un árbol antes de que el panorama se abra por completo, desde campos sembrados con plátano, guadua y café hasta las fachadas blancas y los techos rojos de teja de algunas haciendas.

La calma es total arriba. El silencio solo lo rompen los comentarios de asombro de los turistas, las conversaciones entre Amancio y la torre de control del aeropuerto El Edén, de Armenia; y los fogonazos de los dos quemadores de gas propano que el capitán acciona para calentar el aire que hincha el globo.

Los quemadores de gas propano sirven para calentar el aire del globo para que pueda levantar hasta una tonelada. Foto: Juan Uribe

Los quemadores de gas propano sirven para calentar el aire del globo para que pueda levantar hasta una tonelada. Foto: Juan Uribe

La mañana ha estado gris, pero el techo de nubes se aparta brevemente y permite que la luz alumbre ciertos puntos del paisaje, como si focos enormes proyectados desde la estratosfera quisieran darles protagonismo a una quebrada, a un camino destapado o a un cultivo de aguacates.

El tiempo en el globo pasa volando. Luego de más de una hora de estar flotando sobre los campos de Montenegro es tiempo de buscar dónde aterrizar, pero el viento es caprichoso y nos desvía del punto escogido por Amancio. En el descenso, con el sol a las espaldas, vemos la silueta de lo que semeja una bolsa esférica gigante que se mueve sobre los guaduales (pueden leer este post sobre el Paraíso del Bambú y la Guadua, también en Montenegro). A propósito, el capitán nos acerca a la parte más alta de uno de ellos para que arranquemos algunas hojas.

El globo de Globos Colombia parece formar la figura de un corazón entre los guaduales. Foto: Juan Uribe

El globo de Globos Colombia parece formar la figura de un corazón entre los guaduales. Foto: Juan Uribe

Un rato después, bajo los pies se oye cómo la canastilla de mimbre roza las hojas de árboles de plátano. Faltan pocos segundos para el impacto. Por esta razón, y para no perder el equilibrio cuando la cesta choque contra el terreno, Amancio da una instrucción: los pasajeros debemos agacharnos y aferrarnos a los bordes de unos agujeros cuadrados que hay en medio de la estructura de mimbre. Estos son los mismos que sirven de peldaños para subir y bajar del globo cuando este se encuentra en tierra.

Se siente una sacudida que, de no ser por los consejos de Amancio, enviaría al piso de la canastilla a todos sus ocupantes. Hemos aterrizado en una finca, en medio de un sendero hecho de piedra que atraviesa un platanar. Los propietarios amablemente dejan pasar a Adriana con la camioneta para recoger a los viajeros.

Amancio Sánchez, piloto de globo desde hace 20 años, se asegura de que el vuelo se desarrolle en calma. Foto: Juan Uribe

Amancio Sánchez, piloto de globo desde hace 20 años, se asegura de que el vuelo se desarrolle en calma. Foto: Juan Uribe

La vela del globo pierde aire, comienza a desinflarse y va cayendo en cámara lenta a un lado de la canastilla, donde Amancio, Adriana y un ayudante la doblan poco a poco hasta que unos 20 minutos más tarde la introducen en una bolsa resistente de caucho que la contiene.

“Lo mejor de aquí es la gente”, dice Adriana al explicar que la experiencia de volar sobre el Paisaje Cultural Cafetero sería imposible sin la ayuda de los habitantes de la región. “Nos abren las puertas de las fincas y muchas veces nos dan jugo de naranja y café”, comenta y añade: “Puedes hacer infraestructura, construir hoteles y aeropuertos; pero lo mejor es la gente. Eso no se compra”. Estamos de acuerdo.

*Invitación de Globos Colombia

Dos campesinos miran desde un maizal a los pasajeros que ya han subido al globo, en Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

Dos campesinos miran desde un maizal a los pasajeros que ya han subido al globo, en Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

 

El globo gana altura poco a poco sobre el municipio de Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

El globo gana altura poco a poco sobre el municipio de Montenegro (Quindío). Foto: Juan Uribe

 

Globos Colombia ofrece la experiencia

Amancio Sánchez, piloto de Globos Colombia con 20 años de experiencia, explica cómo funciona un globo. “El aire caliente es más liviano que el aire frío, lo inflamos con un ventilador y con unos calentadores alimentados con gas propano calentamos el aire dentro de la vela a unos 85 o 90 grados centígrados hasta que el globo eleva su propio peso y el de los pasajeros.

“Este globo levanta una tonelada. Podemos controlarlo ascendiendo y descendiendo en el momento que queramos y desde diez centímetros por segundo hasta cuatro metros por segundo. En el momento de aterrizar el globo no tiene timón, vamos a merced del viento. Entonces sabemos el punto de despegue, pero nunca vamos a saber el punto donde aterrizamos”, indica.

Viajar en globo permite apreciar el Paisaje Cultural Cafetero de una manera distinta. Foto: Juan Uribe

Viajar en globo permite apreciar el Paisaje Cultural Cafetero de una manera distinta. Foto: Juan Uribe

Para llevar a cabo un vuelo en globo se necesita que haya poco viento. Por eso los viajes se programan temprano. El punto de encuentro es la entrada del Parque Nacional del Café, en Montenegro (Quindío), entre las 6:00 a.m. y las 6:30 a.m., cuando las condiciones meteorológicas son ideales.

Es aconsejable usar ropa y calzado cómodos. Aunque se asciende a alturas que rondan los 700 metros, arriba no se siente frío. La experiencia que ofrece Globos Colombia dura unas 4 horas e incluye un vuelo de cerca de 45 minutos, certificado de vuelo, reportaje fotográfico y seguro de vuelo, entre otras cosas. Es buena idea ponerse una gorra o algo que cubra la cabeza para protegerse del calor que producen los quemadores de gas propano.

El precio del vuelo en globo es de $375.000 por persona. El aparato tiene capacidad para 4 pasajeros más el piloto. En una mañana se pueden hacer dos vuelos. Montenegro está a 30 minutos por tierra de Armenia, hacia el occidente; y a una hora y 10 minutos de Pereira, hacia el sur.

Informes: www.globoscolombia.com; info@globoscolombia.com

Desde el globo se tiene una perspectiva única del Paisaje Cultural Cafetero, en el Quindío. Foto: Cortesía de Globos Colombia

Desde el globo se tiene una perspectiva única del Paisaje Cultural Cafetero, en el Quindío. Foto: Cortesía de Globos Colombia

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