Es mejor viajar sin afán

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P1110974Mi trabajo ha consistido en viajar durante casi los últimos nueve años. He conocido sitios fantásticos en Colombia y en el mundo, y lo he hecho de la forma en que debe hacerse cuando se está de vacaciones: con tiempo suficiente para explorar una plaza, una calle o un museo; para comprobar cómo viven las personas de la ciudad o el pueblo que se quiere conocer, para comer donde comen los locales, para oír su música y aprender sobre su cultura.

El turismo masivo muchas veces deshumaniza y termina por distanciar a la persona del destino que visita, de quitarle el sabor a una experiencia que debería disfrutarse y guardarse con cariño. Todavía recuerdo la fatiga de unas profesoras de Cali que subían y bajaban con afán por las calles empinadas de Toledo, una ciudad situada 70 kilómetros al sur de Madrid donde judíos, cristianos y musulmanes convivieron en paz por siglos.

Las señoras, que trataban de sacarle el máximo provecho a un viaje de un mes por Europa, estaban tomando un tour de medio día desde la capital española. Pobres. Cuando se bajaron del bus la guía les anunció que tendrían solamente dos horas en Toledo. Por supuesto, ni siquiera pudieron entrar a la catedral y pasaron como una exhalación por sitios como la sinagoga de Santa María la Blanca y la iglesia de Santo Tomé, donde se exhibe ‘El entierro del conde de Orgaz’, la obra maestra de El Greco.

Cuando les pregunté dónde habían estado me respondieron que habían visitado unas 30 ciudades en nueve países, y que podrían contarles a sus familiares y amigos cuáles monumentos habían visto al comparar el itinerario del viaje con las fechas que aparecían sobre cada foto que tomaban. No pudieron seguir conversando porque el tiempo era escaso y la guía las acosaba. Debían continuar con el tour.

Las vi alejarse en una fila con otros 20 turistas de América Latina. Tenían que completar el recorrido a toda velocidad, subirse de nuevo al bus y volver a Madrid para poder añadir una ciudad más a su lista de lugares visitados.

Yo no tenía prisa y le hice caso a Luz Divina San José Santos, una vendedora de artesanías que me había recomendado probar la perdiz que se prepara en el restaurante Carolus.

Almorcé en una mesa sobre un andén. La carne estaba tierna, muy bien aliñada con ajo, pimienta negra, vinagre, cebolla picada y el secreto culinario que la cocinera se niega a revelar. Todo, por 20 euros (con ensalada y jugo de naranja). Estaba feliz y tranquilo porque sabía que aún me quedaban cinco horas para perderme por Toledo antes de tomar el tren de regreso a Madrid.

2 Comments on “Es mejor viajar sin afán

  1. Que delicia de crónica sobre lo que no es viajar y lo que si significa conocer y descubrir viajando , me encanto , me acerco aun mas a mis profundas convicciones que viajar y conocer no es ¨chulear¨nombres de destinos ; viajar y conocer es untarse de ciudad y de gentes , es sentirse ciudadano local por un instante para poder apropiarse del entorno , de la comida local y de los placeres que solo con detenimiento podrán ser encontrados en cada esquina y en cada detalle de los 360 grados que nos rodean en un instante. ( perdón por la ortografia)

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