El ojo de Stephan Riedel

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Las fotografías que este alemán ha tomado por toda Colombia son el eje de la decoración del EK Hotel, una nueva propuesta de alojamiento de lujo en Bogotá. Historia de un enamorado del país.

Stephan Riedel asegura que el mejor programa que le pueden proponer es salir a tomar fotos. Aquí, en el buque Gloria, durante una travesía por Suramérica en 2010. Foto: Cortesía de Stephan Riedel.

Stephan Riedel asegura que el mejor programa que le pueden proponer es salir a tomar fotos. Aquí, en el buque Gloria, durante una travesía por Suramérica en 2010. Foto: Cortesía de Stephan Riedel.

El alemán Stephan Riedel posa frente a la ampliación de una foto que tomó en el Salto del Tequendama y que adorna el tercer piso del EK Hotel, en Bogotá. Foto: Cortesía de Stephan Riedel.

El alemán Stephan Riedel posa frente a la ampliación de una foto que tomó en el Salto del Tequendama y que adorna el tercer piso del EK Hotel, en Bogotá. Foto: Cortesía de Stephan Riedel.

 

La atracción que Stephan Riedel siente por Colombia ha sido irresistible desde el comienzo. Supo que este país sería el suyo en enero de 1957, cuando tenía 10 años y junto con su mamá acababa de cruzar el Atlántico desde Alemania en un barco bananero que penetraba en la bahía de Santa Marta. La vista de la Sierra Nevada que se levantaba detrás de las montañas lo cautivó.

A que esa primera impresión del país fuera imborrable contribuyeron las paletas de colores que un hombre sacó de su carrito de helados y le ofreció apenas desembarcó: verde limón, uva, naranja, rojo Kola Román… “Fue amor a primera vista”, afirma este fotógrafo al recordar su encuentro con el trópico, que para él fue “alucinante”.

Hasta antes de ese viaje Stephan no conocía el mar, pero casi un mes después de haber zarpado de un puerto cerca de Hamburgo pisaba la arena de la playa en Santa Marta y llenaba sus pulmones con la brisa cálida del Caribe. El cambio había sido brusco, pues en el invierno europeo el solo hecho de respirar le producía dolor en la garganta. Además, donde había nacido, en el sur de la entonces Alemania Oriental, en Brunndöbra, cerca de Chemnitz, los helados eran de chocolate y tenían colores poco vistosos. El Viejo Continente no podía competir con las novedades que América le ponía frente a sus ojos de niño.

Esas imágenes y sensaciones se le grabaron en la memoria y la fascinación que experimentó al estrenar su primera cámara de fotos -una que le había regalado su papá antes de que partiera hacia Colombia- es la misma con la que se ha dedicado a vivir su pasión: “Salir a tomar fotos es el mejor programa que me pueden proponer”, afirma.

No importa si se trata de las rocas de Suesca o de un morichal en el Vichada, pues todas las fotografías las hace “con el alma, con el corazón” y cuando sus ojos azules están al acecho detrás del lente de una cámara no siente hambre ni frío. En esos momentos la concentración de Stephan es total y le permite pasar horas inmerso en su mundo de imágenes.

Una parte importante del trabajo de Stephan se puede apreciar en el EK Hotel (www.ekhoteles.com), donde 360 ampliaciones en blanco y negro de 298 fotos que ha tomado en diferentes sitios de Colombia adornan paredes del piso al techo en los pasillos y en las habitaciones. Las impresiones también están en los vidrios de los baños.

Las fotografías que Stephan Riedel ha tomado en varios sitios de Colombia son el eje de la decoración del EK Hotel, en el norte de Bogotá. Foto: Juan Uribe

Las fotografías que Stephan Riedel ha tomado en varios sitios de Colombia son el eje de la decoración del EK Hotel, en el norte de Bogotá. Foto: Juan Uribe

El hotel, que desde octubre de 2013 se abrió en el norte de Bogotá, en la esquina de la calle 90 con la carrera 11, es una galería permanente donde se pueden descubrir ángulos diferentes de destinos que Stephan conoce casi de memoria. “Creo que lo que más he hecho en Colombia es viajar y tomar fotos”, asegura.

Al salir del ascensor del EK Hotel, que en el tercer piso tiene la recepción, los huéspedes se encuentran con una imagen del Salto del Tequendama. También hay fotografías de Barichara, de Cartagena, de calles de Bogotá y de muchos otros destinos en los que la mirada de Stephan destaca detalles como fachadas, faroles, techos, plazas, calles empedradas y cúpulas.

Le encanta viajar por tierra. En carro ha ido a Ipiales (Nariño), a los Llanos y a la Costa Caribe (en un mismo año hizo este recorrido cuatro veces desde Bogotá) y cuando sale a tomar fotos lo hace con la curiosidad de quien quiere dejarse sorprender. “Cuando viajo siempre estoy con los ojos abiertos, como un niño”, afirma. Agrega que así como sabe qué le gusta, tiene claro que no le agrada tomar fotos de cosas feas. “Eso no es lo mío”, dice.

“Desde hace 10 años estoy dedicado de lleno a la fotografía en Colombia, mi amada patria adoptiva, y aquí pienso quedarme hasta el fin, mostrando lo hermoso de esta maravillosa tierra”, señala en su página de internet, www.photostephan.com.

Stephan, como varios extranjeros que gozan explorando destinos colombianos que están fuera de las rutas turísticas tradicionales, opina que este país tiene sitios ‘prohibidos’ solamente para aquellos que no se atreven a conocer cosas nuevas, que no salen del círculo de los mismos planes de vacaciones: “para los colombianos que creen que Orlando es la última maravilla”, sentencia.

 

EK Hotel, un sitio especial

Al entrar al EK Hotel llama la atención la recepción, ubicada en el tercer piso. Allí, al lado, se encuentra el bar-lounge, donde los huéspedes pueden relajarse mientras los empleados les asignan sus habitaciones.
Los cuartos están dotados con ventanas antirruido, televisores con pantallas de 42 pulgadas, internet inalámbrico gratuito y amenities de la marca Loto, cuya fragancia para los jabones, las cremas y el champú fue creada especialmente para el hotel. Los espacios comunes también tienen un olor particular.
Inf: www.ekhoteles.com; reservas@ekhoteles.com; 745 5757.

Gracias al jardín de la terraza del EK Hotel, los extractores succionan el aire fresco y limpio  y lo ponen a circular por los pasillos. Así se reduce el uso de aire acondicionado en el hotel. Foto: Juan Uribe

Gracias al jardín de la terraza del EK Hotel, los extractores succionan el aire fresco y limpio y lo ponen a circular por los pasillos. Así se reduce el uso de aire acondicionado en el hotel. Foto: Juan Uribe

La terraza tiene más que buena vista
Un espacio único en el EK Hotel es la terraza del noveno piso, desde donde se aprecian buenas panorámicas del norte de Bogotá.
Este sitio cuenta con un jardín que además de embellecer el edificio sirve para crear microclimas que permiten reducir el uso de energía.
El jardín se riega por un sistema de goteo y se vigila constantemente para asegurar el buen estado de las plantas que crecen sobre una membrana térmica de fieltro con microceldas. La membrana ayuda a conservar el frío con el fin de que la temperatura se mantenga a 18 grados centígrados en la estructura del hotel.
“La idea es que el aire acondicionado no se necesite”, explica Edwin Miranda, coordinador de mantenimiento del hotel, quien añade que los extractores succionan el aire fresco y limpio de la terraza y lo ponen a circular por los pasillos.

El diseño y las fotos
El diseño interior del EK Hotel estuvo a cargo de Rodrigo Samper (rodrigosamper.com), quien define el ambiente logrado como la expresión de lo “contemporáneo que nunca perderá vigencia” gracias a la mezcla de todos los elementos que conforman la decoración.
Samper cuenta que desde cuando conoció el proyecto del EK dentro del centro Urban Plaza pensó en emplear las fotografías de Colombia tomadas por Stephan Riedel como eje central de la decoración en varias zonas de las habitaciones, como las cabeceras de las camas, los separadores de ambientes y algunos muebles. El vidrio impreso con fotos también es un recurso en los baños.
*Invitación del EK Hotel

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