Nemocón tiene alma en su Mina de Sal

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Pocas personas aman tanto su trabajo como Orlando Arias, sin duda el mejor guía que puede haber para visitar uno de los sitios más increíbles de Colombia: la Mina de Sal de Nemocón.

A Orlando Arias le encanta guiar a los turistas y tomar fotos de su pueblo, Nemocón, y de la Mina de Sal de Nemocón. Foto: Juan Uribe

A Orlando Arias le encanta guiar a los turistas y tomar fotos de su pueblo, Nemocón, y de la Mina de Sal de Nemocón. Foto: Juan Uribe

Orlando Arias recuerda cuando entró por primera vez a la Mina de Sal de Nemocón. Tenía 8 años y apenas comenzó a bajar los escalones para descender 80 metros bajo la tierra sintió en el estómago “un cosquilleo, un vértigo”. Él no olvida cuando comprobó con su lengua que las paredes de la mina eran de sal y quedó maravillado.

Esas emociones las ha vuelto a experimentar cientos de veces durante los últimos nueve años, en los que se ha dedicado a promover y divulgar los encantos turísticos de este sitio, uno de los principales atractivos turísticos de Cundinamarca y del país.

Los espejos de salmuera de la Mina de Sal de Nemocón reflejan los techos subterráneos. Foto: Juan Uribe

Los espejos de salmuera de la Mina de Sal de Nemocón reflejan los techos subterráneos. Foto: Juan Uribe

Hoy, 42 años después de esa primera visita, su amor por este lugar no ha hecho sino aumentar. Por eso le ha sido fácil ayudar a que tantas personas se enamoren de su pueblo, ubicado 65 kilómetros al norte de Bogotá.

Gracias a su persistencia regresé hace unos años a la mina, a la que de niño solía ir en tren con mis papás cuando las líneas del ferrocarril se extendían más allá de Zipaquirá. Orlando me hizo redescubrir un destino que se ha convertido en uno de mis favoritos.

Este hombre es un buen ejemplo de que son las personas las que hacen de un lugar algo especial. Él es el alma de la Mina de Sal de Nemocón, aunque su humildad no le permite admitirlo. “Este es un esfuerzo de muchas personas y entidades públicas y privadas; no es solo mi trabajo”, señala. Añade que ha buscado “rendirles un homenaje a esos miles de mineros que le dieron sabor a Colombia, se convirtieron en artesanos y nos entregaron como regalo este maravilloso atractivo turístico”.

Este cristal de sal pesa cerca de una tonelada y es el corazón de la Mina de Sal de Nemocón. Foto: Juan Uribe

Este cristal de sal pesa cerca de una tonelada y es un símbolo de la Mina de Sal de Nemocón. Foto Juan Uribe

Quien haya tenido la suerte de apreciar los espejos de salmuera, la cascada de sal, las estalactitas y las estalagmitas mientras atiende las explicaciones de Orlando dentro de la mina lo habrá visto con sus inseparables cámara y trípode, los mismos que compró en 2006 con la liquidación que recibió luego de dejar la Casa de la Cultura de Nemocón.

Con ese dinero también consiguió un computador donde guarda las cerca de 600.000 fotografías que ha tomado, en muchas de las cuales aparecen visitantes que ha guiado. Entre ellos ha habido periodistas que, como yo, han quedado encantados con el sitio.

En sus ‘detrás de cámaras’ figuran desde personajes de la farándula como Linda Lucía Callejas y Marlon Moreno hasta la presidenta de ProColombia, María Claudia Lacouture, y el exdirector del Instituto Distrital de Turismo, Luis Fernando Rosas.

Orlando disfruta cuando la gente se emociona (a veces hasta las lágrimas). Le gusta que los turistas sientan la mina, que dentro de ella “les den un banquete al cuerpo y a los sentidos”, pero también que conozcan el pueblo y que prueben su comida: el poderoso plato minero, con morcilla, lomo de cerdo, longaniza, plátano maduro, papa salada en salmuera y guacamole; la cuajada fundida en salmuera y melao, y que no se vayan sin comer almojábanas, pandeyucas y mantecadas. Tampoco, sin comprar artesanías -tejidos en macramé, tallas en sal y en madera-.

Muchas casas de Nemocón tienen patios y jardines amplios, llenos de flores. Foto: Juan Uribe

Muchas casas de Nemocón tienen patios y jardines amplios, llenos de flores. Foto: Juan Uribe

El amor que siente por su pueblo ha contagiado en Nemocón a muchos, que ahora se enorgullecen de sus raíces. Su discurso es claro: “Yo a los visitantes les digo: ‘esto es de ustedes, quiéranlo y compártanlo, ayúdennos a darlo a conocer, inviten a la gente a que lo visite’”.

Con su trabajo, Orlando ha contribuido enormemente a que la Mina de Sal de Nemocón sea cada día más conocida. El turismo de calidad en Colombia seguirá creciendo debido a personas como él. Por eso, ¡Muchas gracias, Orlando!

Aquí, varias fotos de visitantes a la Mina de Sal de Nemocón tomadas por Orlando Arias:

https://www.facebook.com/orlando.arias.54584/media_set?set=a.10150850246761579.482126.783971578&type=3

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