Casanare a caballo

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En el hato Banco Largo, en el departamento de Casanare, es posible hacer cabalgatas para descubrir la fauna y la cultura de los Llanos Orientales de Colombia.

Los viajeros pueden recorrer partes del hato Banco Largo, en Casanare, que mide 3.500 hectáreas. Foto: Juan Uribe

Los viajeros pueden recorrer partes del hato Banco Largo, en Casanare, que mide 3.500 hectáreas y está ubicado 45 kilómetros al oriente de Yopal. Foto: Juan Uribe

Los caballos trotan, con sus cascos golpean la tierra seca y pequeñas nubes de polvo se levantan sobre el camino. Unos 10 jinetes acaban de dejar la casa principal del hato Banco Largo Largo, en Casanare, para dar un paseo antes del almuerzo. Es media mañana y a la cabeza del grupo va Fredy Rincón, un hombre que nació y ha crecido toda su vida en el Llano.

Fredy se detiene. Desmonta para abrir el broche del alambre de púas que separa dos lotes y se oyen los chillidos de una bandada de alcaravanes, unos pájaros negros con rayas blancas que han inspirado nombres de muchas cosas en esta región del oriente de Colombia, desde mototaxis hasta hoteles.

En este punto del Casanare, 45 kilómetros al oriente de Yopal (a una hora y 40 minutos por tierra), el verano ha sido duro. Siempre lo es – aseguran por aquí -, y su rigor se manifiesta en el terreno, agrietado como un rompecabezas, que parece suplicar por algunas gotas de lluvia. Los cadáveres de chigüiros y de tortugas son testigos de la sequía despiadada, que entre sus huellas también ha dejado el esqueleto de una res.

El verano ha sido implacable en el hato Banco Largo, en el departamento de Casanare. Foto: Juan Uribe

El verano ha sido implacable en el hato Banco Largo, en el departamento de Casanare. Foto: Juan Uribe

Fredy tiene 20 años y para montar a caballo usa sombrero como su padre, Marcolino – el encargado del hato -, que va con él en la comitiva. Todo lo que Fredy sabe del Llano, lo ha aprendido de Marcolino. Su conocimiento de estas planicies ha aumentado en los últimos años debido a que, luego de terminar bachillerato, se dedicó por completo a ayudarle a Marcolino en sus trabajo diario.

Entre otras labores, Fredy revisa el ganado. Se cerciora de que los animales no estén engusanados, está pendiente de que no tengan garrapatas en las orejas y defiende a los terneros recién paridos de los chulos que acechan en busca de un almuerzo fácil.

Fredy Rincón (izquierda) y Duván Cachay recorren a caballo el hato Banco Largo, en Casanare. Foto: Juan Uribe

Fredy Rincón (izquierda) y Duván Cachay recorren a caballo el hato Banco Largo, en Casanare. Foto: Juan Uribe

A este paso, Fredy va rumbo a convertirse en un llanero de aquellos a los que el artista Orlando ‘Cholo’ Valderrama les rinde un homenaje en la canción Mi caballo y yo cuando rima: “Si un gallo dura tres años y tres gallos dura un perro, tres perros dura un caballo según las cuentas que llevo, un hombre recio pa’l Llano dura tres caballos buenos”.

Los versos describen, sin duda, a Marcolino, cuyos pies ásperos no necesitan zapatos para correr por el corral y atrapar becerros con el lazo. Tampoco le hacen falta mientras cabalga por las 3.500 hectáreas del hato. De hecho sólo se los pone cuando va a algún pueblo cercano; pero aquí, en esta sabana que es su vida, para él es suficiente la misma pinta de todos los días: un par de jeans, una camisa, su sombrero y un cuchillo al cinto.

Marcolino Rincón, encargado del hato Banco Largo, en Casanare, se alista para el despaje, el proceso de selección de las mejores reses. Foto: Juan Uribe

Marcolino Rincón, encargado del hato Banco Largo, en Casanare, se alista para el despaje, el proceso de selección de las mejores reses. Foto: Juan Uribe

La cabalgata avanza en medio de un paisaje que, a causa de la falta de agua, es más bien amarilloso. A lado y lado se observan cientos de montículos blancuzcos de cerca de un metro de altura que tienen el aspecto de pedazos de piedra pómez. Se trata de topias, los nidos de los comejenes.

Bajo el sol que abrasa, los caballos aminoran la marcha en una fila india que se interna por un pasadizo rodeado de matorrales. De repente se encuentran en la mitad de lo que se intuye que podría ser un lago, ahora vacío, bordeado de arbustos que se aferran con tenacidad a trozos de tierra semejantes a pedestales.

La sequía ha espantado a los garzones, que esperan las lluvias para volver masivamente al hato Banco Largo, en Casanare. Foto: Juan Uribe

La sequía ha espantado a los garzones, que esperan las lluvias para volver masivamente al hato Banco Largo, en Casanare. Foto: Juan Uribe

Este es un estero que se inunda en la época de lluvias. “El agua llega a las rodillas cuando uno va a caballo”, dice Fredy, que señala los árboles donde suelen posarse los garzones, unos pájaros blancos, grandes, de pico negro y cuyo único rastro, hoy, son los nidos que han dejado sobre las ramas más altas. También son testimonio de la presencia de estas aves el cadáver de una de ellas, suspendido a unos tres metros de altura y, en el piso, algunas plumas todavía pegadas a unos huesos.

Al hablar con Fredy es posible imaginar este estero como si fuera una manga de coleo, de aquellas en las que él ha participado en campeonatos. “No he ganado, pero he hecho doble campana”, cuenta al explicar que esta suerte consiste en cabalgar a toda velocidad, agarrar con una mano la cola del toro y lograr que dé dos vueltas sobre su lomo.

Este estero en el hato Banco Largo está seco, pero cuando llegue la lluvia se llenará de vida, como todo Casanare. Foto: Juan Uribe

Este estero en el hato Banco Largo está seco, pero cuando llegue la lluvia se llenará de vida, como todo Casanare. Foto: Juan Uribe

Las palabras de Fredy también hacen pensar en cómo se transformará el panorama cuando empiece a llover. Entonces, regresarán los garzones en grandes cantidades y el cielo se pintará con las corocoras, unas aves de plumaje rojo encendido. Aquella será la época en que las 1.200 reses del hato, guiadas por Fredy, Marcolino y otros vaqueros, tendrán que atravesar los esteros casi a nado. Por ahora, los escasos cuerpos de agua que quedan son el hogar de decenas de babillas que apenas dejan ver sus ojos.

Pasa el mediodía y es hora de volver a la casa principal del hato Banco Largo, donde desde por la mañana Marcolino puso a asar la carne, que estuvo cocinándose a fuego lento durante cinco horas. Además de llanero recio, el hombre es un chef tremendo.

Fredy Rincón (centro) y su padre, Marcolino, posan luego de tocar joropo en el hato Banco Largo, en Casanare. Junto a Fredy está Robinson, su hermano. Foto Juan Uribe

Fredy Rincón (centro) y su padre, Marcolino, posan luego de tocar joropo en el hato Banco Largo, en Casanare. Junto a Fredy está Robinson, su hermano. Foto: Juan Uribe

De sobremesa Marcolino toma el cuatro y Fredy, la bandola, para tocar melodías alegres de joropo. El hato Banco Largo despide a los viajeros. Ellos continúan el recorrido en camioneta por una vía destapada que hacia el oriente revela campos de tierra seca que en un par de meses, cuando llegue el invierno, estarán sembrados de arroz y serán verdes.

La próxima parada es La Fortuna, un ecohotel de 17 habitaciones, donde el plan consiste en navegar en falca (una lancha en la que caben unas 20 personas) y ver el atardecer en el río Cravo Sur. Aunque el almuerzo fue hace sólo un par de horas, es imposible resistirse a sabores típicos del Llano como los tungos – unos envueltos de arroz -, y el delicioso queso siete cueros.

Al igual que en las postales que promocionan los atractivos turísticos de los Llanos Orientales, el sol se hunde en el horizonte y le prende fuego con tonos naranjas, violetas y rosados. Este es el final perfecto para un día en Casanare.

Atardecer en el río Cravo Sur. El ecohotel La Fortuna, en Casanare, es un buen lugar desde donde se ve caer el sol. Foto: Juan Uribe

Atardecer en el río Cravo Sur. El ecohotel La Fortuna, en Casanare, es un buen lugar desde donde se ve caer el sol. Foto: Juan Uribe

Casanare y sus planes turísticos

Casanare Natural ofrece planes ecoturísticos en el departamento del Casanare. A través de esta agencia se puede visitar el Hato Banco Largo, donde se llevan a cabo cabalgatas y se aprecian las labores diarias de los llaneros con el ganado y con los caballos. De otro lado, la oferta de historia y cultura del Casanare es rica en Pore y Paz de Ariporo, dos municipios que están ligados a la Independencia de Colombia. Informes: 3112149690, www.casanarenatural.viajes. En Twitter: @CasanareNaturalwww.fundasenderos.com

Otro buen plan consiste en visitar el Hato La Aurora (este es mi post sobre este lugar), a unas cuatro horas y media de Yopal. Es importante ir en vehículo 4×4, pues hay partes de la carretera que son destapadas.

No obstante, el viaje puede tardar fácilmente una hora más debido a que el safari comienza mucho antes: existe la tentación de detenerse para observar aves típicas de la región, como corocoras, garzones soldados y hasta halcones miniatura. A ambos lados de la vía también se ven lagunas pobladas por decenas de babillas y pastizales en los que abundan chigüires.

Hospedaje en el Hato La Aurora: Ecolodge Juan Solito. Tarifas desde 180.000 pesos por persona, en habitación triple. También se puede pasar la noche en hamacas. Teléfono: 3105805395; www.juansolito.com

El hato La Aurora, en Casanare, ofrece la experiencia de vivir un safari con animales característicos de la Orinoquia. Foto: Juan Uribe

El hato La Aurora, en Casanare, ofrece la experiencia de vivir un safari con animales característicos de la Orinoquia. Foto: Juan Uribe

Una buena opción de alojamiento es el Ecohotel La Fortuna, en el kilómetro 63 de la vía Tilodirán-Yopal-Algarrobo. Allí, a orillas del río Cravo Sur, se disfruta de atardeceres conmovedores. El lugar cuenta con 17 habitaciones, aunque allí también es posible dormir en chinchorros, al aire libre. Informes: 3123778081; 3123778053.

En el kilómetro 9 de la vía Yopal-Morichal se encuentra Cabañas Los Ranchos (www.losranchoscampestre.com). Allí hay siete cabañas, cada una para 10 personas y con comodidades como baño privado, aire acondicionado, DirecTV y nevera. Tarifas desde 550.000 pesos en baja temporada; 650.000 pesos en alta temporada (con desayuno). Informes: 3102165842.

Los planes de la agencia Casanare Natural permiten conocer los Llanos Orientales. Foto: Juan Uribe

Los planes de la agencia Casanare Natural permiten conocer los Llanos Orientales. Foto: Juan Uribe

Hampton by Hilton, nuevo hotel en Yopal

El Hampton by Hilton Yopal, con 100 habitaciones, es el más grande de la capital del Casanare, un departamento que está buscando abrirse espacio en el circuito turístico del país. “El segmento vacacional es fundamental para los hoteles”, explica Juan Manuel Quiceno, gerente de operaciones de Metro Hotels, quien agrega que la coyuntura que se ha presentado a causa de los bajos precios del crudo ha obligado al departamento a buscar alternativas de desarrollo.

El Hampton by Hilton se destaca, entre otras cosas, por su promesa de complacer a los clientes. En dos placas ubicadas en la recepción se lee, en español y en inglés: “Servicio amable, habitaciones limpias, instalaciones cómodas, siempre que nos visite. Si no está satisfecho, no esperamos que pague. Ese es nuestro compromiso y su garantía. Eso es 100% Hampton”. Otra característica destacable del hotel es el hecho de que el primer espacio que encuentran los huéspedes, el lobby, está ubicado en el séptimo piso, donde opera una zona de bar y de pasabocas las 24 horas. Esto les permite a los recién llegados disfrutar de panorámicas de la ciudad mientras se registran y gozar de los famosos atardeceres llaneros.

Quienes se hospedan en el Hampton by Hilton Yopal disponen de desayuno gratuito, conexión de internet inalámbrico de alta velocidad, centro de negocios, gimnasio, jacuzzi y una sala de reuniones con capacidad para 50 personas que está dotada con equipos audiovisuales. El hotel cuenta con el programa de fidelidad de la cadena Hilton, denominado Hilton Honors, que ofrece la posibilidad de sumar puntos y millas simultáneamente. El nuevo Hampton by Hilton se une a la lista de nuevas ofertas de alojamiento de la ciudad, que ya recibió a las marcas Estelar, GHL Style y Holiday Inn Express.

Así se ve Yopal, la capital del departamento de Casanare, desde el aire. Foto: Juan Uribe

Así se ve Yopal, la capital del departamento de Casanare, desde el aire. Foto: Juan Uribe

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