Barichara, reino de piedra en Santander

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Las calles empedradas y las fachadas de tapia pisada son características de Barichara, un municipio fundado en 1705 que, sin duda, es de los más fotogénicos de Colombia.

Esta es la vista de Barichara desde la plazuela de Santa Bárbara, en la parte alta de este pueblo de Santander. Foto: Juan Uribe

Esta es la vista de Barichara desde la plazuela de Santa Bárbara, en la parte alta de este pueblo de Santander. Foto: Juan Uribe

Son muy escasos los sonidos que interrumpen la calma en la que vive inmersa Barichara. Uno es el martilleo producido por los obreros que, cincel en mano, moldean las piedras que se usarán para levantar las casas nuevas; otro es el de las campanas de la catedral de la Inmaculada Concepción, que desde las 7 de la mañana llaman a misa a los creyentes.

Este municipio del departamento de Santander, en el nororiente de Colombia, ha sido considerado por varios años como uno de los más lindos del país e incluso pertenece a la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia, que resalta, entre otras cosas, las características arquitectónicas e históricas de las poblaciones que la conforman.

Barichara, reconocida por sus calles empedradas, hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia. Foto: Juan Uribe

Barichara, reconocida por sus calles empedradas, hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia. Foto: Juan Uribe

Barichara a veces parece demasiado perfecto como para ser verdad. La temperatura, en promedio, ronda los 25 grados centígrados y el calor no agobia mientras se anda por sus caminos empedrados de color ocre.

Tampoco acosa la humedad, ni siquiera cuando hay que trepar por la calle sexta – un premio de montaña casi tan inclinado como las calles de Manizales – que conduce desde el centro del pueblo hasta la plazuela de Santa Bárbara, el punto más alto de Barichara.

El Parque de las Artes Jorge Delgado Sierra, en Barichara, ofrece panorámicas del cañón del río Suárez. Foto: Juan Uribe

El Parque de las Artes Jorge Delgado Sierra, en Barichara, ofrece panorámicas del cañón del río Suárez. Foto: Juan Uribe

Allí quienes no conciben un viaje sin estar aferrados a cámaras y teléfonos celulares para documentar cada paso que dan, pueden correr el riesgo de agotar las memorias de sus aparatos electrónicos. La causa de la tentación es el panorama, que se abre luego de encontrarse con la capilla de Santa Bárbara y de girar hacia atrás para mirar en dirección a las montañas.

Entonces, es difícil escoger un punto en el cual concentrarse. La atención se la disputan flores de tonos lila que crecen por encima de muros blancos; balcones y puertas de madera a través de las que se asoman algunas cabezas; y, sobre las hileras de techos de teja de barro, la cúpula y la torre de la catedral de la Inmaculada Concepción, brotando de entre el follaje de los árboles que se yerguen en los patios de las casas.

Se estima que la catedral de la Inmaculada Concepción, en Barichara, fue construida en 1838. Foto: Juan Uribe

Se estima que la catedral de la Inmaculada Concepción, en Barichara, fue construida en 1838. Foto: Juan Uribe

Las calles de Barichara están compuestas por trozos de piedra labrada. Al caminar por ellas se tiene la sensación de estar recorriendo un mapa en el que cada pieza ocupa espacios rectangulares de tonos ocre. Debido a este color, que también se aprecia en las rocas que refuerzan los zócalos de las casas, los habitantes son apodados ‘patiamarillos’.

En el siglo XIX los tonos arcillosos de esta región ya habían llamado la atención del político, filósofo y periodista Manuel Ancízar, quien participó en la Comisión Corográfica. El historiador Heriberto Silva Rangel cita en su libro Retazos históricos de mi pueblo Barichara las palabras de Ancízar, que describe a la meseta sobre la que reposa la población como “formada por una masa continua de margas* arenosas impregnadas en parte de óxido de hierro hasta el punto de aproximarse al ocre rojo”.

El color arcilloso de la tierra de Barichara produce contrastes con el paisaje de esta zona de Santander. Foto: Juan Uribe

El color arcilloso de la tierra de Barichara produce contrastes con el paisaje de esta zona de Santander. Foto: Juan Uribe

Estos matices y otros de la misma paleta de colores se observan en la tapia pisada de las fachadas, en los tejados de las casas, en las piedras que forran las calles y en muchas lápidas del cementerio, que hacen juego con la catedral de la Inmaculada Concepción, ubicada en un costado del parque principal.

En este templo aún se conserva la devoción que se inició a comienzos del siglo XVIII, cuando -según Silva Rangel- en una roca “se observó delineada la imagen de la Santísima Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción”.

Este, a la entrada, es uno de los dos monumentos construidos en Barichara en homenaje a la hormiga culona. El otro está en el patio de la Alcaldía. Foto: Juan Uribe

Este, a la entrada, es uno de los dos monumentos construidos en Barichara en homenaje a la hormiga culona. El otro está en el patio de la Alcaldía. Foto: Juan Uribe

Otro símbolo de Barichara es la hormiga culona, un insecto que en Santander se tuesta y tiene un sabor fuerte y salado. Es tal su importancia que en su honor se han construido dos monumentos en piedra. Uno se encuentra diagonal a la catedral, en el patio de la Alcaldía; el otro aparece apenas se entra al pueblo por la carretera que viene de San Gil.

Barichara es fotogénico. No solamente por su arquitectura y sus calles sino también gracias a los paisajes que lo rodean, y que se aprecian con tranquilidad en el Parque de las Artes Jorge Delgado Sierra. En este espacio verde, situado al lado de la capilla de Santa Bárbara, los visitantes pueden recorrer un sendero bordeado por esculturas talladas en piedra y hundir la mirada en las nubes que el sol pinta de naranjas y rojos al atardecer.

A un lado se extiende el cañón del río Suárez – donde turistas de todo el mundo llegan a practicar rafting – y se observan los muros de piedra del antiguo camino real que conduce al pueblo de Guane. Al otro costado se deslizan las calles empedradas que llevan al centro de Barichara. Este es uno de esos sitios en los que, sin importar hacia dónde se mire, los ojos siempre se encuentran con algo agradable.

Los colores ocres de las lápidas del cementerio de Barichara combinan con la catedral de la Inmaculada Concepción. Foto: Juan Uribe

Los colores ocres de las lápidas del cementerio de Barichara combinan con la catedral de la Inmaculada Concepción. Foto: Juan Uribe

 

*Definición de marga, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua: Roca más o menos dura, de color gris, compuesta principalmente de carbonato de cal y arcilla en proporciones casi iguales, y que se emplea como abono de los terrenos en que escasea la cal o la arcilla.

Las casas de Barichara suelen tener jardines como este. Foto: Juan Uribe

Las casas de Barichara suelen tener jardines como este. Foto: Juan Uribe

Barichara y otros planes

Aquí está el enlace de un ‘post’ que escribí sobre Floridablanca, otro municipio de Santander.

Estos son algunos programas que se pueden disfrutar en Barichara y en sus alrededores:

Naturaleza y talleres artesanales

Un plan comienza en la mañana con un recorrido a pie de dos horas por un antiguo camino colonial, entre Barichara y el pueblo de Guane, donde un museo arqueológico alberga fósiles de millones de años. Por la tarde, en Barichara, los viajeros pueden admirar calles, casas y monumentos; y entrar a talleres artesanales donde se labra piedra. Precio: desde 83.000 pesos por pasajero -con base en cuatro personas-. www.zaiatravel.com

Caminata y recorrido cafetero

Desde Barichara se puede ir a La Mesa de los Santos. El plan incluye transporte en carro hasta Jordán, recorrido de tres horas por un camino real que atraviesa el río Chicamocha y visita a cafetales en la Hacienda El Roble. Precio: 250.000 pesos por pasajero (con base en cuatro personas). www.escalares.com; 3103348687; info@escalatours.com

Deportes de aventura en San Gil

A 20 minutos por carretera hacia el sur de Barichara está San Gil, el principal destino de deportes de aventura en Colombia. Allí los viajeros pueden cabalgar, explorar cuevas y practicar rafting, parapente y rappel, entre otras actividades. Precio: desde 290.000 pesos por pasajero -con base en cuatro personas-. www.zaiatravel.com

Parque Nacional del Chicamocha

Una hora y media al norte de Barichara funciona el Parque Nacional del Chicamocha (Panachi), donde un teleférico de 6,3 kilómetros cruza el cañón del río Chicamocha. En Panachi hay cabras y avestruces, y se puede volar en parapente. Precio: adultos, 19.000 pesos; ingreso con viaje en teleférico, 44.000 pesos. Niños de hasta 1,40 metros de estatura y mayores de 60 años, 13.000 pesos (entrada con viaje en teleférico, 27.000 pesos). www.parquenacionaldelchicamocha.com

El viaje en teleférico es uno de los atractivos del Parque Nacional del Chicamocha, adonde se puede llegar desde Barichara. Foto: Juan Uribe

El viaje en teleférico es uno de los atractivos del Parque Nacional del Chicamocha, adonde se puede llegar desde Barichara. Foto: Juan Uribe

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