Anaconda en el Hato La Aurora

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En el Hato La Aurora, en Casanare, habitan, entre otros, chigüires, babillas y aves como la corocora. En ocasiones -como esta – se tiene la suerte de asistir a la liberación de una anaconda.

Esta anaconda que acaba de ser liberada en el Hato La Aurora, en Casanare, mide 5 metros y pesa unos 60 kilos. Foto: Juan Uribe

Esta anaconda que acaba de ser liberada en el Hato La Aurora, en Casanare, mide 5 metros y pesa unos 60 kilos. Foto: Juan Uribe

Cinco de la mañana. Oscuridad total. La banda sonora de la noche, con su combinación de chicharras y silbidos de animales, todavía domina el ambiente en el Hato La Aurora. En este punto del norte del departamento del Casanare, a cuatro horas y media por tierra de la capital, Yopal, los ‘buenos días’ comienzan a intercambiarse para espantar el sueño.

En el restaurante, un espacio sin puertas y con techo de zinc y de palma, la luz blanca y potente de un bombillo alumbra dos mesas largas de madera, de donde 10 personas van tomando a sorbos cortos café caliente servido en pocillos de peltre. Es su recompensa por haber caminado unos 300 metros, con la ayuda de una linterna, desde las habitaciones del hotel Juan Solito en el Hato La Aurora, una reserva privada de la sociedad civil que mide 17.000 hectáreas y ocupa partes de los municipios de Paz de Ariporo y Hato Corozal.

El café es todo el alimento que tendrán en el estómago al partir en el viaje de hoy, un recorrido que desde hace años los turistas conocen como ‘el safari colombiano’ y que los lleva a ver animales de la Orinoquia.

En la cocina, entre el choque metálico de ollas y cuchillos que hace intuir los preparativos del desayuno, la voz recia de un hombre brota del radio negro que reposa cerca de los fogones. Se destaca por encima de los sonidos alegres del arpa, el cuatro y las maracas que a esta hora de la madrugada acompañanan a miles de llaneros. La audiencia de la emisora Violeta Stereo lo llama “cabrestero” y él proclama con mucho ánimo las noticias del día: peleas de gallos, fiestas y anuncios de trabajo en los que se solicitan parejas sin hijos para cuidar fincas.

Antes de que el sol se asome con sus primeras luces, el grupo baja hasta la orilla del río Ariporo para cruzarlo en curiara, una embarcación de madera más pequeña que una canoa pero más larga. Los remos entran y salen del agua y en un par de minutos todos están al otro lado, donde los espera el platón de una camioneta.

El motor se enciende y, casi simultáneamente, los árboles abandonan la penumbra y empiezan a aparecer ante la vista. La brisa fresca acerca los chillidos de los monos aulladores y dos alcaravanes se atraviesan volando frente al vehículo. Atrás, el cielo y las nubes se tiñen poco a poco de rojo. La sabana se va despertando.

Una manada de unos 20 chigüiros descansa al borde del camino de herradura por el que transita el automóvil. Estos roedores, que pueden medir un metro y medio y pesar más de 80 kilos, observan con indiferencia a los viajeros.

Nelson Barragán, quien administra los servicios ecoturísticos del Hato La Aurora, explica por qué aquí los animales no les temen a los humanos: “Están acostumbrados a ver gente y no se asustan porque nadie los persigue”, indica este sogamoseño que tiene ancestros de Casanare.

Falta un par de semanas para el inicio de la temporada de lluvias, así que la laguna Mata e’ palo junto a la que se detiene la camioneta deja ver pequeñas islas por las que caminan decenas de pájaros. Aquí, en La Aurora, habitan alrededor de 360 especies de aves, de las 1.889 que tiene Colombia. Están, entre otros, los gansos del Orinoco; los garzones soldado, de cabeza negra, cuello rojo y plumas blancas; las garzas espátula de pico aplanado y plumaje rosado; y las corocoras, unas aves elegantes de pico curvo y plumaje de un rojo intenso que parece tener brillo propio.

La hora de la anaconda

El terreno que se pisa está cuarteado a causa del calor del verano y, en la distancia, las babillas apenas dejan ver sus ojos por encima del agua. Aunque llaman la atención con sus desplazamientos ágiles en el agua, estos reptiles no son los protagonistas esta mañana. Son apenas espectadores de un acontecimiento poco usual que está por comenzar: la liberación de una anaconda.

La anaconda se desliza lentamente hacia la laguna Mata e' palo, en el Hato La Aurora (Casanare), mientras los viajeros la observan. Foto: Juan Uribe

La anaconda se desliza lentamente hacia la laguna Mata e’ palo, en el Hato La Aurora (Casanare), mientras los viajeros la observan. Foto: Juan Uribe

“Hemos liberado a unas tres anacondas”, asegura Julio Estepa, un hombre de 40 años, manos gruesas y calludas que, entre otras cosas, arrea ganado y marca potros cuando no está guiando a los turistas. Nacido en el municipio de Trinidad (Casanare), Julio trabaja en La Aurora hace dos años y medio. Esta sabana es parte de su esencia. “El trabajo de Llano es duro, pero divertido. Vive uno jugando con ganado, jodiendo, enlazando, corriendo a caballo. No se aburre uno nunca. Se cansa uno de a caballo y ya está de a pie corriendo por ahí, tumbando a un animal”, cuenta.

Lo que a los turistas les asombra en la sabana- trinos extraños de aves de aspecto aún más raro, la escena de unos pájaros de pecho amarillo que parecen mangos saliendo disparados desde un árbol -, para Julio es algo familiar. Desde los 5 años, descalzo, ya enlazaba becerros, marranos y gallinas para divertirse. “La afición de los llaneros es esa: pican un cuero y le dan un rejito a un niño, y a enlazar lo que se mueva. Yo viví en una finca cerca de Orocué, después nos regresamos a Trinidad; luego me dediqué a trabajar afuera y estudié hasta noveno. Después, empieza uno a hacer de todo”, dice.

‘De todo’ significa, como hoy, ayudar a poner en libertad a una anaconda de 5 metros y 60 kilos que hace menos de una semana fue confiscada por la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquia (Corporinoquia) a alguien que tal vez la quería vender.

La serpiente permanece encerrada en una caja de plástico con rejas metálicas, como las que sirven para transportar a las mascotas en los aviones. Al estar a pocos centímetros de sus ojos vidriosos se observan las franjas anaranjadas de la cabeza y las escamas de tonos de verde, negro y amarillo, ceñidas a los músculos de su cuerpo, que se adivinan poderosos.

Las anacondas no necesitan veneno para cazar, sino que emboscan a sus presas. A un chigüire como los que descansan tranquilamente cerca de la laguna le pueden clavar sus colmillos curvos para luego enroscarse a su alrededor y estrujarlo hasta matarlo por asfixia. Luego lo comienzan a engullir por la cabeza.

Eso es lo que muy probablemente ocurrirá dentro de unos días, cuando esta serpiente, que ahora saca su lengua para explorar el entorno, se haya acostumbrado a su nueva vida en La Aurora.

La puerta de la caja se abre y pasan varios segundos antes de que la anaconda comience a desenrollar su cuerpo. Ya detectó hacia dónde debe dirigirse para alcanzar el agua y se desliza con lentitud sobre la tierra seca, salpicada de boñiga de vaca. El sol se refleja en su piel brillante mientras las babillas se han dado cuenta de la llegada de su nueva vecina y la esperan en la laguna, a unos metros de la orilla. ¿Habrá lucha?

Ya en el agua, donde puede nadar ágilmente, la anaconda será mucho más peligrosa que en tierra y su rapidez le será fundamental para encontrar algo de comer. Por el momento se sumerge despacio en la laguna y gran parte de su cuerpo desaparece entre burbujas. Al frente, inmóviles como ella, permanecen dos babillas, cada una de cerca de tres metros de longitud. Se miran durante un cuarto de hora y luego la anaconda decide hundirse del todo para buscar un sitio tranquilo. Al fin y al cabo, es la recién llegada. Probablemente se vean de nuevo en otra ocasión.

*Invitación del Hotel Hampton by Hilton Yopal y de la Cámara de Comercio de Casanare.

 

Antes de viajar al Hato La Aurora

Casanare Natural ofrece planes ecoturísticos en el departamento del Casanare. A través de esta agencia también se puede visitar el Hato Banco Largo, donde se llevan a cabo cabalgatas y se aprecian las labores diarias de los llaneros con el ganado y con los caballos (este es mi post sobre este destino). De otro lado, la oferta de historia y cultura del Casanare es rica en Pore y Paz de Ariporo, dos municipios que están ligados a la Independencia de Colombia. Informes: 3112149690, www.casanarenatural.viajes. En Twitter: @CasanareNatural www.fundasenderos.com

El Hato La Aurora queda a unas cuatro horas y media de Yopal (es importante ir en vehículo 4×4, pues hay partes de la carretera que son destapadas).

Babillas y chigüires comparten los esteros en el Hato La Aurora, en Casanare. Al fondo, las vacas pastan. Foto: Juan Uribe

Babillas y chigüires comparten los esteros en el Hato La Aurora, en Casanare. Al fondo, las vacas pastan. Foto: Juan Uribe

No obstante, el viaje puede tardar fácilmente una hora más debido a que el safari comienza mucho antes: existe la tentación de detenerse para observar aves típicas de la región, como corocoras, garzones soldados y hasta halcones miniatura. A ambos lados de la vía también se ven lagunas pobladas por decenas de babillas y pastizales en los que abundan chigüires.

Hospedaje en el Hato La Aurora: Ecolodge Juan Solito. Tarifas desde 180.000 pesos por persona, en habitación triple. También se puede pasar la noche en hamacas. Teléfono: 3105805395; www.juansolito.com

 

Una buena opción de alojamiento es el Ecohotel La Fortuna, en el kilómetro 63 de la vía Tilodirán-Yopal-Algarrobo. Allí, a orillas del río Cravo Sur, se disfruta de atardeceres conmovedores. El lugar cuenta con 17 habitaciones, aunque allí también es posible dormir en chinchorros, al aire libre. Informes: 3123778081; 3123778053.

En el kilómetro 9 de la vía Yopal-Morichal se encuentra Cabañas Los Ranchos (www.losranchoscampestre.com). Allí hay siete cabañas, cada una para 10 personas y con comodidades como baño privado, aire acondicionado, DirecTV y nevera. Tarifas desde 550.000 pesos en baja temporada; 650.000 pesos en alta temporada (con desayuno). Informes: 3102165842.

El Hato La Aurora, en Casanare, es atractivo, entre otras cosas, por el avistamiento de aves. Allí viven unas 360 especies. Foto: Juan Uribe

El Hato La Aurora, en Casanare, es atractivo, entre otras cosas, por el avistamiento de aves: allí viven unas 360 especies. Foto: Juan Uribe

 

Hampton by Hilton, nuevo hotel en Yopal

El Hampton by Hilton Yopal, con 100 habitaciones, es el más grande de la capital del Casanare, un departamento que está buscando abrirse espacio en el circuito turístico del país. “El segmento vacacional es fundamental para los hoteles”, explica Juan Manuel Quiceno, gerente de operaciones de Metro Hotels, quien agrega que la coyuntura que se ha presentado a causa de los bajos precios del crudo ha obligado al departamento a buscar alternativas de desarrollo.

El Hampton by Hilton se destaca, entre otras cosas, por su promesa de complacer a los clientes. En dos placas ubicadas en la recepción se lee, en español y en inglés: “Servicio amable, habitaciones limpias, instalaciones cómodas, siempre que nos visite. Si no está satisfecho, no esperamos que pague. Ese es nuestro compromiso y su garantía. Eso es 100% Hampton”. Otra característica destacable del hotel es el hecho de que el primer espacio que encuentran los huéspedes, el lobby, está ubicado en el séptimo piso, donde opera una zona de bar y de pasabocas las 24 horas. Esto les permite a los recién llegados disfrutar de panorámicas de la ciudad mientras se registran y gozar de los famosos atardeceres llaneros.

Quienes se hospedan en el Hampton by Hilton Yopal disponen de desayuno gratuito, conexión de internet inalámbrico de alta velocidad, centro de negocios, gimnasio, jacuzzi y una sala de reuniones con capacidad para 50 personas que está dotada con equipos audiovisuales. El hotel cuenta con el programa de fidelidad de la cadena Hilton, denominado Hilton Honors, que ofrece la posibilidad de sumar puntos y millas simultáneamente. El nuevo Hampton by Hilton se une a la lista de nuevas ofertas de alojamiento de la ciudad, que ya recibió a las marcas Estelar, GHL Style y Holiday Inn Express.

5 Comments on “Anaconda en el Hato La Aurora

    • Sí, es gigante. Muchas gracias por el comentario, Eloy!

  1. Ojala se animen a visitar el llano es una experiencia inolvidable.

    • Sin duda, es una hermosa región de Colombia. Saludos, Manuel!

  2. Excelente artículo, lo encontré después de una larga búsqueda sobre el Hato la Aurora, quiero iniciar una aventura en moto por esta región, sin embargo veo que las tarifas de Juan Solito son muy altas respecto al mercado local. Sigo buscando opciones pues quisiera hacer algo realmente propio sin las comodidades de un “ecolodge”

    Saludos!

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