Una caminata por La Habana

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Salirse del clásico libreto turístico es sencillo en La Habana. En la capital de Cuba abunda la autenticidad para quienes están dispuestos a andar con la mente abierta.

La Plaza de la Catedral es uno de los principales espacios públicos de La Habana. Foto: Juan Uribe

La Habana tiene el aspecto de un objeto que ha estado guardado por muchos años en un cuarto de san alejo. Las fachadas de sus mansiones de la primera mitad del siglo XX, ennegrecidas por la humedad y adornadas con tejas de barro de las que brota la maleza, le confieren a esta ciudad un encanto que está ausente en otras islas del Caribe.

 

Caminar por las calles de La Habana vieja produce sensaciones encontradas. Por un lado se puede pensar que el estado de los edificios amenaza ruina y que es urgente renovarlos; por otro, que es deseable alejar al llamado ‘progreso’ con el fin de evitar que Cuba se convierta en una isla como tantas otras de esta parte del mundo donde todo es tan perfecto que a veces pierde la autenticidad.

Motocicletas como esta, con sidecar, abundan en La Habana. Esta circula al lado de la plaza de San Francisco. Foto: Juan Uribe

Varias de esas islas terminan pareciéndose a una especie de parque temático de Disney, con calles en las que abundan tiendas de marcas de lujo, centros comerciales asépticos y construcciones que tienen colores vivos por fuera pero que han sido despojadas de cualquier vestigio de realidad.

 

Eso no ocurre en Cuba. Sin duda, hay quienes descienden de un crucero de 4.000 y más pasajeros y se adentran en las calles de La Habana sin mayores ambiciones de conocer: se limitan a dirigir la mirada coreográficamente hacia la misma dirección como si hicieran parte de un banco de peces y siguen sin chistar al guía que levanta una banderita.

La fiebre del selfie stick se manifiesta al frente de La Bodeguita del Medio, en La Habana vieja. Foto: Juan Uribe

 

La calle Empedrado, a la altura del número 207, es un buen ejemplo de la masificación del turismo. Allí, bajo un letrero que anuncia con orgullo ‘La Bodeguita del Medio’, decenas de personas se apiñan y tratan de no golpearse entre sí mientras manipulan selfie sticks con los que pretenden inmortalizarse frente a uno de los locales más famosos de América.

 

Reconocida por haber sido el lugar adonde el escritor estadounidense Ernest Hemingway acudía a tomar sus mojitos, la Bodeguita del Medio permanece repleta y adentro es difícil moverse a causa de la multitud. Hasta allí llegan casi todas las personas que recorren a La Habana por primera vez. Es un cliché turístico de Cuba junto con las playas de arena blanca y aguas azules de Varadero o los automóviles coloridos de los años 50 que transitan por el malecón habanero.

Como en un altar se exhiben imágenes de Fidel Castro, el Che Guevara y otros personajes de la revolución cubana en la escuela José Antonio Machado, en La Habana vieja. Foto: Juan Uribe

Además de visitar los atractivos obvios, la capital cubana es perfecta para explorarla con ojos curiosos. Justo en la calle adyacente a Empedrado, hacia el norte, se encuentra la calle Tejadillo, donde se aprecia en calma el paisaje urbano de una ciudad que se resiste a seguir el ritmo frenético en el que han caído sin remedio ciudades de todo el mundo.

 

Hasta aquí no ha llegado la llamada ‘gentrificación’, el proceso de trasformación de un espacio urbano deteriorado que tiene como consecuencia un aumento en los precios de los alquileres y el éxodo de sus habitantes originales.

Las sábanas y la ropa secándose al sol les dan a las calles de La Habana vieja un toque de autenticidad. Foto: Juan Uribe

En Tejadillo hay balcones metálicos que se asoman con sábanas y ropa secándose al sol; mujeres y hombres que compran frutas y hortalizas en puestos ambulantes; perros que duermen la siesta en un andén. Es un sitio donde lo artificial no tiene lugar.

 

Otro letrero que cuelga de un tubo metálico oxidado avisa que allí funciona la escuela primaria José Antonio Machado. No es un lugar turístico, pero el profesor que se encarga de cuidarla esta mañana es amable cuando le pregunto si puedo echar un vistazo.

Cerca de la Plaza de San Francisco y de la terminal de cruceros de La Habana se encuentra el mercado artesanal. Allí se ve la obra del pintor Guillermo Socarrás, cuyo hermano William (foto) vende. Foto: Juan Uribe

Se llama Ranciel Álvarez Armas y explica que está haciendo la guardia obrera hoy domingo. No tiene problema con darme permiso para que tome fotos de las carteleras pegadas en las paredes y que hablan de los valores de la revolución que triunfó en enero de 1959 con Fidel Castro.

 

“Te lo prometió Martí. Fidel te lo cumplió”. Son algunas de las frases que se leen al lado de imágenes del Che Guevara y de Fidel; y de fechas que los estudiantes deben aprender, como el aniversario de la inauguración de la Universidad Popular José Martí o el natalicio de Federico Engels.

 

Esta casa, como muchas otras en La Habana vieja, es un espacio en el que la vida transcurre con lentitud. Así marcha el tiempo en la ciudad, a su propio compás, sin afán y siempre mostrándole al viajero un ángulo que en otros destinos es difícil de encontrar.

A La Habana con Wingo

La Habana es uno de los destinos de Latinoamérica y el Caribe a los que la aerolínea de bajo costo Wingo vuela desde Bogotá. La empresa ofrece rutas a la capital de Cuba por tarifas desde 261 dólares (con impuestos, ida y regreso).

*Invitación de Wingo

El paisaje urbano de La Habana les encanta a los extranjeros que llegan a Cuba. Foto: Juan Uribe

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