Trotando en el cerro de Chapultepec

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Al cerro de Chapultepec, muy cerca del Museo de Antropología en Ciudad de México, se puede llegar trotando para alejarse del bullicio y hacer algo de deporte.

Me encanta Ciudad de México. Hace poco estuve de nuevo allí y gracias a que me estaba hospedando en la Zona Rosa volví a un lugar que para mí tiene mucho carácter: el cerro de Chapultepec.

Chapulín es un saltamontes que le da su nombre a Chapultepec, palabra que en náhuatl quiere decir cerro del chapulín. En la cima de este cerro de Ciudad de México se encuentra el castillo, al que se puede llegar trotando. Foto: Juan Uribe

 

Esta vez decidí madrugar y además llegar de una forma en la que no lo había hecho, trotando. Nunca dejo por fuera de la maleta mis tenis y el vestido de baño, por si acaso en el hotel hay gimnasio o jacuzzi. Me alisté y a eso de las 6:30 de la mañana estaba saliendo del hotel ibis Styles para comenzar a correr por los andenes bien mantenidos y parejos de esta parte de la ciudad.

 

He estado varias veces en la capital mexicana, pero nunca sobra tener un poco de ayuda. Así que con el fin de llegar a Chapultepec sin perderme usé la aplicación Galileo (aquí está el post que escribí al respecto) para guiarme. Pronto me encontré en la avenida Reforma, que con su amplitud recuerda a los Campos Elíseos de París.

 

El viento era frío y los árboles de jacaranda exhibían sus flores, de un color violeta aún más intenso al observarlas contra el fondo de un cielo azul que pocas veces había podido apreciar en el D.F.

Mientras iba trotando hacia el cerro de Chapultepec por la avenida Reforma me entretuve viendo los árboles de jacaranda florecidos. Foto: Juan Uribe

 

A esta hora los peatones ya ocupaban los andenes y se dirigían a sus sitios de trabajo. Algunos iban a pie y otros preferían usar las bicicletas rojas del sistema público que están disponibles en casi todas partes.

 

Algunos policías ayudaban a controlar el tráfico a la altura del monumento al Ángel de la Independencia y poco a poco las calles aledañas se iban llenando del ruido de buses y automóviles.

 

Cabe anotar que Ciudad de México suele ponerse como ejemplo de tráfico caótico, pero lo cierto es que allí los conductores están tan acostumbrados a los embotellamientos que esperan pacientemente para poder andar.

El castillo de Chapultepec se ve a lo lejos, así como algunas columnas del Monumento a los niños héroes que murieron durante la invasión estadounidense de 1847. Ir trotando por este lugar es una gran experiencia que se vive en Ciudad de México. Foto Juan Uribe

 

Un pequeño paréntesis: No sucede como en mi querida Bogotá, donde la mayoría de las persona que están detrás del volante se sienten con el derecho de invadir el carril de al lado cuando ven que los automóviles que van adelante no avanzan muy rápido. Cierro paréntesis.

 

Mientras iba trotando por Reforma el ruido de los carros quedaba atrás después de pasar frente a la rotonda donde se erige la fuente de Diana Cazadora. En unos minutos estaba en un puente peatonal que tiene vista sobre el circuito interior, una avenida muy transitada que antes de las 7 de la mañana no se había llenado del todo.

 

El aire era más limpio todavía cuando comencé a recorrer los senderos que me llevaron bajo la sombra de los árboles hasta una rampa asfaltada en la que la inclinación se adivinaba desde lejos. En esta parte, la más dura, no fue fácil mantener el ritmo con el que venía.

Los andenes de la avenida Reforma, en Ciudad de México, están muy bien mantenidos y son perfectos para ir trotando hasta el castillo de Chapultepec. Foto: Juan Uribe

 

Unas 20 personas también trotaban y otras caminaban mientras la vía se empinaba cada vez más. Trotando en Chapultepec comprendí mejor que lo que hacen los ciclistas es algo casi sobrehumano. Ellos, además de estar pedaleando muchas veces durante jornadas de seis horas, deben enfrentarse a cuestas pronunciadísimas y no pueden darse el lujo de detenerse a descansar.

 

Pensando en que si Nairo Quintana o Esteban Chaves no se quejan cuando corren las grandes carreras de Europa, me forcé a terminar con paso todavía más fuerte hasta que alcancé la puerta metálica que da acceso al castillo de Chapultepec (aquí está el post que escribí sobre este lugar). Miré mi reloj: había gastado 22 minutos hasta la cima.

 

El castillo estaba cerrado a esa hora (se abre a las 9:00 a.m.) y me quedé unos momentos disfrutando de la vista sobre el bosque, que es una isla verde en medio de un océano de cemento que parece querer tragársela. Luego retomé el ritmo y empecé a devolverme hasta el hotel trotando, una manera distinta de vivir una ciudad que hace rato está en mi corazón.

El cerro de Chapultepec, en Ciudad de México, es un lugar que por las mañanas es muy concurrido por personas que llegan hasta allí trotando. Foto: Juan Uribe

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