San Francisco y sus tranvías

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Montar en los tranvías de San Francisco, los únicos del mundo que son jalados por cables subterráneos, es una experiencia inolvidable.

Un trayecto de viaje en tranvía en San Francisco cuesta 5 dólares, pero es posible comprar pases por varios días. Foto: Juan Uribe.

Un trayecto de viaje en tranvía en San Francisco cuesta 5 dólares, pero es posible comprar pases por varios días. Foto: Juan Uribe.

San Francisco, 1869. El cielo es gris y la lluvia empapa las calles empinadas de esta ciudad del oeste de Estados Unidos. Horrorizado, el ingeniero Andrew Smith Hallidie observa cómo los caballos que tiran un carruaje se resbalan por el empedrado. La pesada carga arrastra sin control a los animales por una pendiente, llevándolos a la muerte. Es una tragedia, pero el impacto que esta tiene en la mente del inventor londinense, entonces testigo impotente, es fundamental: la imagen de los caballos mutilados es la semilla que años después dará como fruto la creación del tranvía.

Esta es la historia que conocí en el Cable Car Museum (Museo del Tranvía), que funciona en el número 1201 de la calle Mason, en el edificio que en 1887 la Ferries & Cliff House Railway Company construyó para albergar la central diseñada para producir la energía que movería el sistema de tranvías de San Francisco.

En el Cable Car Museum, en San Francisco, se aprecia el funcionamiento del sistema de cables que mueve a los tranvías. Foto: Juan Uribe

En el Cable Car Museum, en San Francisco, se aprecia el funcionamiento del sistema de cables que mueve a los tranvías. Foto: Juan Uribe

En este museo se habla de la vida de Hallidie, quien antes de trasladarse a San Francisco se desempeñaba como mecánico en la industria extractiva que se formó a partir de la fiebre del oro que había invadido a California desde mediados del siglo XIX.

El trabajo de Hallidie era útil para los cazafortunas. En 1856 este ingeniero londinense había empezado a fabricar cables de acero que se usarían en las minas de oro, y en la época de la Guerra Civil desarrolló un ingenioso sistema mediante el cual los carros llenos de minerales de las minas se desplazaban por rieles y eran jalados por cables.

Un paseo en tranvía por las calles empinadas de San Francisco es un plan imperdible. Foto: Juan Uribe

Un paseo en tranvía por las calles empinadas de San Francisco es un plan imperdible. Foto: Juan Uribe

Luego de ver el accidente de los caballos, Hallidie se propuso inventar un sistema fuerte de cables que permitiera jalar los carruajes por las calles inclinadas de San Francisco de una manera segura. Así nació el sistema de tranvías de la ciudad, que desde el primero de septiembre de 1873 tienen un funcionamiento único, pues no cuentan con motor ni fuente de poder alguna que les permita moverse, sino que simplemente son jalados a lo largo de los rieles de las calles por cables subterráneos.

Lo que hace la persona que opera el tranvía es manipular una palanca con la que el vehículo se agarra al cable que se desliza bajo el pavimento. De esta manera los tranvías se mueven a una velocidad de 9,5 millas por hora (15 kilómetros por hora).

Las plataformas giratorias le permiten al tranvía cambiar de dirección en las calles de San Francisco. Foto: Juan Uribe

Las plataformas giratorias le permiten al tranvía cambiar de dirección en las calles de San Francisco. Foto: Juan Uribe

Existen tres rutas de tranvía en San Francisco. En las calles Powell y Market hay una plataforma giratoria que sirve de parada para dos líneas. La primera es Powell-Mason (que pasa por la colina Nob y va hasta la calle Bay, en Fisherman’s Wharf – el muelle de pescadores-); la segunda, Powell-Hyde, supera las colinas Nob y Russian y termina en Aquatic Park, cerca de la plaza Ghiradelli.

La tercera es la línea California, que se extiende de oriente a occidente entre el distrito financiero, a través de Chinatown (a propósito, aquí está el post sobre mi encuentro con un lunático que aseguraba ser el hermano de Bruce Lee) y pasando por la colina Nob, hasta la avenida Van Ness.

Subirse al tranvía no es barato (5 dólares por trayecto – ver recuadro -); pero es una experiencia que no se puede vivir en otra parte. Es un plan que ofrece una mirada distinta a un recorrido por las calles de San Francisco, pendientes como un tobogán.

Las calles inclinadas de San Francisco se ven de una manera especial desde el tranvía. Foto: Juan Uribe

Las calles inclinadas de San Francisco se ven de una manera especial desde el tranvía. Foto: Juan Uribe

 

 

La mujer que salvó al tranvía de San Francisco

En la mañana del 28 de enero de 1947 los habitantes de San Francisco se enteraron de que una flotilla de buses reemplazaría los tranvías que estaban recorriendo la calle Powell.

Ese fue el detonante que impulsó a la señora Friedel Klussman a organizar el Comité Ciudadano para salvar el tranvía. Ella aseguraba que la decisión sobre conservarlo o no debían tomarla las personas y no la administración de la ciudad. Se efectuó una votación y el resultado fue un apoyo masivo a la propuesta de salvar el tranvía.

 

Esta es la entrada al Cable Car Museum, donde se aprende sobre la historia del tranvía en San Francisco. Foto: Juan Uribe

Esta es la entrada al Cable Car Museum, donde se aprende sobre la historia del tranvía en San Francisco. Foto: Juan Uribe

Los precios para montar en tranvía

Actualmente hay 40 tranvías que operan en San Francisco. En un día promedio, máximo 26 tranvías pueden estar operando simultáneamente. Existen dos tipos de tranvía: los sencillos y los dobles. Los sencillos, en las líneas Powell-Mason y Powell-Hyde, deben cambiar de dirección en una plataforma giratoria al final de la línea.

Los dobles operan en la calle California. Estos no necesitan de la plataforma giratoria, ya que pueden ser operados desde ambas puntas.

El sistema de tranvías de San Francisco transporta a 13 millones de personas al año. Además de los tranvías, en San Francisco funcionan los trolleys, que se mueven a lo largo de rieles gracias a la electricidad: se conectan a un cable aéreo.

Hoy 4,7 millas – 7,5 kilómetros – de los rieles del tranvía es todo lo que queda de una red que cubría cerca de 75 millas – 120 kilómetros – al final del siglo XIX (cuando llegó a haber ocho compañías de tranvía) y que desapareció casi por completo a causa del terremoto del 18 de abril de 1906.

Los tiquetes del tranvía pueden comprarse en efectivo en las plataformas giratorias. Los conductores también los venden. Estos son los precios:

Adultos y niños de 5 a 17 años, 5 dólares por trayecto (15.000 pesos colombianos).

Se pueden comprar pases que permiten usar tranvías y buses: un día, 13 dólares ($37.000); tres días, 20 dólares ($57.000); siete días, 26 dólares ($74.000). Existe un pase de 60 dólares ($170.000) que por un mes otorga la posibilidad de montar en tranvías y buses en la ciudad de manera ilimitada. Informes: www.sfmta.com

La electricidad es una fuente de energía que se usa para el transporte en San Francisco. Aquí, un trolley. Foto: Juan Uribe

La electricidad es una fuente de energía que se usa para el transporte en San Francisco. Aquí, un trolley. Foto: Juan Uribe

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