Chapultepec es naturaleza en Ciudad de México

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Unas 40 especies vegetales y dos lagos son parte del bosque de Chapultepec, donde el castillo del mismo nombre recuerda a personajes como Benito Juárez y el emperador Maximiliano.

Carlota, que había llegado al país en 1864 con su esposo, el emperador Maximiliano, se entretenía en los jardines del castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

Carlota, que había llegado al país en 1864 con su esposo, el emperador Maximiliano, se entretenía en los jardines del castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

Al otro lado del paseo de la Reforma, a la salida del Museo Nacional de Antropología (aquí está mi post sobre este lugar), el aire es limpio bajo los árboles del bosque de Chapultepec. Aunque alrededor de esta zona se produce constantemente uno de los flujos vehiculares más intensos en Ciudad de México, la polución aquí casi no se siente.

El follaje espeso de fresnos, cedros, secuoyas y otros árboles aísla a los caminantes de la capa de esmog que flota sobre esta urbe, a la que la ONU ubicó en 2014 entre las cinco más pobladas del mundo, con 21 millones de habitantes.

Al lago principal del bosque de Chapultepec, en Ciudad de México, llegan familias a remar. Foto: Juan Uribe

Al lago principal del bosque de Chapultepec, en Ciudad de México, llegan familias a remar. Foto: Juan Uribe

El cielo se ve gris al mirar por entre lo que queda del tronco del ahuahuete, un árbol del que se dice que fue plantado por Nezahualcóyotl a petición del emperador azteca Moctezuma. El ahuahuete, que según la tradición vivió 500 años, llegó a medir más de 40 metros de altura y se habría secado en 1969 a causa de la falta de agua. También, por culpa de la contaminación.

Esta contaminación es la que envuelve a la ciudad en una nube densa que no permite ver de noche con nitidez las luces de casas, edificios y avenidas cuando el avión está a pocos minutos de aterrizar en el aeropuerto internacional Benito Juárez.

La entrada del castillo de Chapultepec se encuentra en la cima del cerro del Chapulín, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

La entrada del castillo de Chapultepec se encuentra en la cima del cerro del Chapulín, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

De acuerdo con el Informe anual de la calidad de aire en Ciudad de México en 2014, elaborado por la Secretaría del Medio Ambiente, los vehículos, la industria y los servicios de la capital y su área metropolitana emiten a diario “alrededor de 175 mil toneladas de contaminantes gaseosos o en forma de partículas, generados principalmente por la quema de combustibles fósiles”.

De toda esa suciedad es posible escaparse en el bosque de Chapultepec. En este lugar puede uno aspirar profundamente y llenarse los pulmones sin sufrir un acceso de tos y sin percibir un olor ácido que agrede al olfato, especialmente durante las épocas secas. Hasta aquí se puede llegar trotando, como lo cuento en este post.

En el bosque de Chapultepec está el tronco del ahuahuete, un árbol del que se dice que fue plantado por Nezahualcóyotl a petición del emperador azteca Moctezuma. Foto: Juan Uribe

En el bosque de Chapultepec está el tronco del ahuahuete, un árbol del que se dice que fue plantado por Nezahualcóyotl a petición del emperador azteca Moctezuma. Foto: Juan Uribe

En este ambiente fresco y de aire puro del bosque de Chapultepec las ardillas corren a treparse a las copas de los árboles y los patos surcan el lago principal, dejando estelas que se cruzan con las de los botes de colores en los que padres de familia reman con sus hijos. Aquí se comprende la importancia que para quienes viven en el D.F. tiene este oasis, que con sus 686 hectáreas equivale al 52 por ciento de las áreas verdes de Ciudad de México.

Chapultepec significa ‘cerro del chapulín’ en lengua náhuatl. Los primeros habitantes del valle de Anáhuac ya reconocían la importancia de los chapulines, unos saltamontes que abundaban en este lugar y que desde hace siglos se comen en el país (fritos son deliciosos). Luego en el cerro se asentaron los tepanecas de Azcapotzalco; y los tlatoanis mexicas lo hicieron un lugar de recreo en el que disfrutaban de sus manantiales.

Chapultepec significa 'cerro del chapulín' en lengua náhuatl. Como homenaje a ese saltamontes se levanta esta escultura de bronce en el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

Chapultepec significa ‘cerro del chapulín’ en lengua náhuatl. Como homenaje a ese saltamontes se levanta esta escultura de bronce en el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

De los nacimientos de agua de Chapultepec surgía el acueducto prehispánico que sirvió a la Gran Tenochtitlan durante la Colonia y hasta finales del siglo XIX. Estas aguas refrescaron a los virreyes y también a Maximiliano de Habsburgo, quien cruzó el Atlántico junto con su esposa Carlota para convertirtse en emperador de México.

Asegura Jasper Ridley en su libro Maximiliano y Juárez que a Maximiliano no le agradó el clima de Ciudad de México, por lo que pronto se trasladó al palacio de Chapultepec, que en 1864 estaba a siete u ocho kilómetros de los límites occidentales de la ciudad.

En el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, a los turistas les encanta tomarse fotos con la carroza de lujo que pocas veces usó el emperador Maximiliano. Foto: Juan Uribe

En el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, a los turistas les encanta tomarse fotos con la carroza de lujo que pocas veces usó el emperador Maximiliano. Foto: Juan Uribe

“Maximiliano ordenó reconstruir y ampliar el palacio, y Carlota proyectó personalmente parte del jardín. Maximiliano venía todos los días desde Chapultepec al palacio de gobierno en la Ciudad de México, siguiendo un camino, construido por su orden, que descendía del castillo a través del parque y la campiña hasta la Plaza Carlos IV, en la ciudad. Se lo denominaba el Camino del Emperador. Por la tarde, Maximiliano regresaba a Chapultepec y cenaba con Carlota”, relata Ridley.

El palacio, elevado sobre una colina, había sido construido por los virreyes españoles Matías y Bernardo de Gálvez entre 1785 y 1787 sobre las ruinas del palacio de Moctezuma, el emperador azteca del siglo XVI. Hoy, luego de seguir un sendero que atraviesa el bosque, se llega a la cima de Chapultepec, donde unos guardias vigilan la entrada.

Los jardines del castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, son frecuentados por viajeros del todo el mundo. Foto: Juan Uribe

Los jardines del castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, son frecuentados por viajeros del todo el mundo. Foto: Juan Uribe

Adentro, entre otros objetos, se exhibe la carroza de uso diario de Maximiliano y Carlota. El coche fue más tarde utilizado para el servicio del presidente Benito Juárez y con tal fin los escudos imperiales que adornaban sus puertas fueron reemplazados por las armas republicanas.

En ese mismo espacio se aprecian dos carruajes más. Uno es italiano, de gala, que Maximiliano usó pocas veces. Es de estilo barroco y está adornado con molduras de plata y bronce, esculturas de niños y ángeles, escudos imperiales y la inscripción “Equidad en la justicia”. La otra calesa la abordó Benito Juárez cuando entró a Ciudad de México el 15 de julio de 1867 después del triunfo de la República sobre el gobierno de Maximiliano.

Este es el coche que había pertenecido al emperador Maximiliano y que Benito Juárez utilizó cuando entró a Ciudad de México el 15 de julio de 1867. Está en el castillo de Chapultepec. Foto: Juan Uribe

Este es el coche que había pertenecido al emperador Maximiliano y que Benito Juárez utilizó cuando entró a Ciudad de México el 15 de julio de 1867. Está en el castillo de Chapultepec. Foto: Juan Uribe

En el segundo piso del castillo se conservan el cuarto de lectura de Maximiliano y la sala de juegos, en la que sostenía encuentros de ajedrez y naipes con sus invitados. Frente a estas habitaciones se abre la terraza, embaldosada con un diseño de cuadrados negros y blancos. Al dirigir la vista hacia abajo se observa una fuente cuyo protagonista es un chapulín de bronce, objetivo de las cámaras de los turistas.

También se divisa hacia el oriente el Ángel de la Independencia, una escultura situada a unos dos kilómetros de distancia en una glorieta del paseo de la Reforma. La figura, con sus alas doradas, corona el monumento que se inauguró en 1910 para celebrar el centenario de la independencia de México. No obstante, en esta tarde la neblina escasamente permite distinguir su silueta.

Lo que sí se ve con claridad es la sinfonía de verdes del bosque de Chapultepec, que mantiene a raya la polución. Allí, bajo las ramas de pinos, sicomoros y otros árboles, se respira aire limpio; los defeños (gentilicio de quienes han nacido en el D.F.) se recuestan en los troncos, charlan y gozan de un lugar que para sus antepasados era sagrado. Un sitio donde la naturaleza se disfruta en medio de la ciudad.

Esta era la sala de lectura del emperador Maximiliano en el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

Esta era la sala de lectura del emperador Maximiliano en el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

 

Chapultepec, en datos

El castillo de Chapultepec estuvo abandonado durante la Independencia y apenas en 1843 se trasladó allí el Colegio Militar. Durante la invasión estadounidense de 1847 el castillo fue escenario de la defensa heroica que hicieron los cadetes del Colegio Militar.

El Castillo de Chapultepec, que desde 1944 alberga el Museo Nacional de Historia (MNH), fue casa de verano del general Porfirio Díaz y residencia oficial y despacho de los presidentes de México, desde Manuel González (1882) hasta Lázaro Cárdenas (1939).

La escultura 'Alas de México', del artista Jorge Marín, adorna el paseo de la Reforma en el punto donde se accede al bosque de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

La escultura ‘Alas de México’, del artista Jorge Marín, adorna el paseo de la Reforma en el punto donde se accede al bosque de Chapultepec, en Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

El MNH conserva entre sus 65.000 piezas pertenencias de caudillos de la Revolución Mexicana como Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata.

El castillo está abierto de martes a domingo, entre las 9:00 a.m. y las 5:00 p.m. La entrada cuesta 51 pesos mexicanos (9.000 pesos colombianos – 3 dólares -). Los domingos la entrada es gratuita. Los niños menores de 13 años no pagan; tampoco, personas mayores de 60 años, personas con capacidades diferentes, profesores ni estudiantes con credencial vigente.

El Ángel de la Independencia se ve con dificultad desde el castillo de Chapultepec a causa de la contaminación de Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

El Ángel de la Independencia se ve con dificultad desde el castillo de Chapultepec a causa de la contaminación de Ciudad de México. Foto: Juan Uribe

 

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