Toronto, en la cornisa de la CN Tower

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Contra todos los pronósticos subí a 356 metros de altura en la CN Tower de Toronto. No me desmayé y me incliné como si fuera a caer al vacío. ¡Gracias, Edgewalk!

'Peppers', la guía del Edgewalk, nos pide que pongamos cara de susto en la plataforma de la CN Tower de Toronto y este es nuestro mejor esfuerzo. De izquierda a derecha, Juan Uribe, Diego Gantiva, Esteban Dávila y Milena Sarralde. Foto: Cortesía de Edgewalk.

‘Peppers’, la guía del Edgewalk, nos pide que pongamos cara de susto en la plataforma de la CN Tower de Toronto y este es nuestro mejor esfuerzo. De izquierda a derecha, Juan Uribe, Esteban Dávila, Diego Gantiva y Milena Sarralde. Foto: Cortesía de Edgewalk

No sé quién me mandó a subirme acá. Estoy en la cornisa de la CN Tower, en Toronto (Canadá), a 356 metros sobre el piso de cemento y amarrado a un tubo grueso de acero como si fuera un tamal envuelto en un overol rojo. La verdad es que es mi culpa. Nadie me obligó.

Hace un par de semanas, cuando supe que en el itinerario del viaje al que me invitaban Air Canada y Toronto Convention and Visitors Association estaba incluida la posibilidad de subir a la CN Tower y caminar por una plataforma circular de metal para observar a Toronto desde 116 pisos de altura, me prometí que al menos lo intentaría.

En un mismo día es posible visitar la CN Tower de Toronto y el acuario de Ripley. Foto: Juan Uribe

En un mismo día es posible visitar la CN Tower de Toronto y el acuario de Ripley. Foto: Juan Uribe

Desde entonces, con el fin de prepararme sicológicamente me reclinaba de espaladas todos los días en mi hamaca para tratar de acostumbrarme a la sensación de estar casi colgando de espaldas. Yo había visto videos del Edgewalk, una experiencia que – pensaba – era solamente para gente sin miedo; algo reservado para valientes que no temen lanzarse en parapente o para personas con cierta inclinación al suicidio.

¿Quién está más loco? ¿El que se inventó este programa o el que paga 195 dólares canadienses para vivirlo? No tengo idea. Lo que sí sé es que no se me olvidará nunca que aquí estoy, sintiendo la brisa fresca del otoño en la cara y mirando hacia el lago Ontario, en el que vierten sus aguas las cercanas cataratas del Niágara (este es mi post al respecto).

Así se ve el acuario de Ripley a través del piso de vidrio de la CN Tower, a 342 metros de altura sobre las calles de Toronto. Foto: Juan Uribe

Así se ve el acuario de Ripley a través del piso de vidrio de la CN Tower, a 342 metros de altura sobre las calles de Toronto. Foto: Juan Uribe

Mi corazón empezó a latir más rápidamente hace algo más de media hora, cuando entré a un cuarto en el que debía alistarme para subir al Edgewalk. Con sólo pensar en que se acercaba el momento de caminar por la cornisa mis piernas comenzaron a temblar y la boca se me secó tanto que tuve que abrir el casillero en el que había puesto mi morral para tomar un par de sorbos de agua.

Luego me calmé poco a poco cuando comprobé las medidas de seguridad que aquí se ponen en práctica. Para empezar cada participante se somete a una prueba de alcoholemia con un breathalyzer, un aparato sobre el que hay que echar una bocanada de aire. Esto se debe a que es necesario que las personas estén en sus cinco sentidos para hacer esta actividad.

Diego Gantiva se ve muy cómodo en la cornisa de la plataforma de la CN Tower de Toronto. Sospecho que había viajado a la ciudad unos días antes para practicar. Foto: Cortesía de Edgewalk

Diego Gantiva se ve muy cómodo en la cornisa de la plataforma de la CN Tower de Toronto. Sospecho que había viajado a la ciudad unos días antes para practicar. Foto: Cortesía de Edgewalk

A continuación se me indicó que debía vaciar los bolsillos de mi pantalón, incluso de papeles. Los turistas tampoco pueden llevar nada metálico (reloj, aretes, etc.) y, para asegurarse, el instructor revisa a cada persona con un detector de metales. Ya con el overol rojo puesto y con los zapatos bien amarrados, pasé al área donde Katie (‘Peppers’), nuestra guía, me ayudó a ponerme los arneses y luego se aseguró de que estuvieran bien ajustados.

Luego de un viaje de cerca de un minuto en un ascensor que se desplaza a 22 kilómetros por hora, salgo a la plataforma y la vista del lago Ontario me saluda. Afortunadamente no estoy solo. Conmigo vienen otros periodistas amigos míos: Milena Sarralde, Diego Gantiva y Esteban Dávila. En el ascensor también viene ‘Peppers’. Ella ayuda a que me calme. Hace muy bien su trabajo. Suelta un dato: las cuerdas que nos sostienen (una amarrada por delante y otra por detrás) soportan más de 7 toneladas. Sé que mi vida no corre peligro.

Milena Sarralde aprovechó su caminata por la plataforma de la CN Tower de Toronto para enviar un mensaje de apoyo a la paz de Colombia. Foto: Cortesía de Edgewalk

Milena Sarralde aprovechó su caminata por la plataforma de la CN Tower de Toronto para enviar un mensaje de apoyo a la paz de Colombia. Foto: Cortesía de Edgewalk

‘Peppers’ se ríe y me demuestra lo sencillo que es caminar en la plataforma. Ella sale de la cabina donde otra empleada del Edgewalk vigila constantemente la pantalla enorme en la que se aprecian imágenes captadas por 16 cámaras situadas a lo largo de la plataforma.

Voy detrás de nuestra guía, a quien veo que de repente está de espaldas a Toronto, con las piernas estiradas en la cornisa y apoyada en sus talones mientras nos invita a salir. “Está hermoso aquí afuera. Ven, Juan”, grita ella. Yo sonrío nerviosamente, agarro la cuerda y dirijo la mirada arriba hacia el tubo grueso, implorándole que no me vaya a soltar.

Esteban Dávila fue otro amigo que subió para hacer el Edgewalk en la CN Tower de Toronto. Foto: Cortesía de Edgewalk

Esteban Dávila fue otro amigo que subió para hacer el Edgewalk en la CN Tower de Toronto. Foto: Cortesía de Edgewalk

El primer ejercicio es de calentamiento. Se trata de pararse al borde de la plataforma y mirar abajo, donde el acuario de Ripley parece una caja pequeña en la que están pintadas las siluetas grises de dos tiburones. Yo escasamente me asomo y no me atrevo a poner mis pies cerca del extremo.

Las piernas me tiemblan intensamente y no descarto la idea de que tal vez me desmaye del susto. En últimas las cuerdas impedirían que cayera al vacío. Siento que estoy congelado. Sin embargo, no sé de dónde saco fuerzas para dar unos pasos y seguir a ‘Peppers’ hacia la izquierda. “La plataforma es más ancha que los andenes de Toronto”, dice.

Esos puntos rojos que se ven a la izquierda en la CN Tower de Toronto son turistas que disfrutan las emociones del Edgewalk. Foto: Juan Uribe

Esos puntos rojos que se ven a la izquierda en la CN Tower de Toronto son turistas que disfrutan las emociones del Edgewalk. Foto: Juan Uribe

La segunda parte de la caminata consiste en conseguir que el cuerpo quede inclinado hacia atrás, de espaldas a la ciudad. Soy el último de los cuatro en intentarlo. Me siento en el arnés, como si se tratara de un columpio. Con la diferencia de que no quiero que este columpio se balancee.

La inercia me empuja hacia atrás y tensiono las piernas para quedarme donde estoy. ‘Peppers’ me asegura que puedo lograrlo, que estoy a pocos centímetros del borde y que dé un paso hacia atrás. No doy un paso, sino varios pero muy pequeños hasta que el borde de la cornisa les avisa a las plantas de los pies que han alcanzado el borde. No sé cómo, pero abro los brazos. Grito: ¡“Viva Colombia”! Solamente las cuerdas a las que estoy conectado impiden que caiga al vacío. Todos aplauden. Yo también. ¡Lo conseguí!

Esta es una de las panorámicas que se aprecian desde el restaurante 360 de la CN Tower de Toronto. Está a 351 metros de altura, unos metros debajo de la plataforma donde se lleva a cabo la caminata del Edgewalk. Foto: Juan Uribe. JPG

Esta es una de las panorámicas que se aprecian desde el restaurante 360 de la CN Tower de Toronto. Está a 351 metros de altura, unos metros debajo de la plataforma donde se lleva a cabo la caminata del Edgewalk. Foto: Juan Uribe. JPG

Ahora viene algo más difícil: hacer lo mismo, pero mirando hacia el frente. Esta vez me toca de primero. Me inclino hacia delante, con la cuerda ubicada entre el hombro izquierdo y la cabeza. Mantengo la cuerda agarrada con la mano izquierda y extiendo el brazo derecho. A continuación extiendo el brazo izquierdo, pero sigo aferrado a la cuerda con la mano derecha. Es duro luchar contra el instinto de supervivencia.

Pero unos minutos después llega la revancha. Sé que es la última oportunidad de soltar ambos brazos al tiempo que estoy inclinado hacia delante, con la ciudad de Toronto allá abajo. De nuevo, no tengo idea de cómo pero lo hago. Abro los brazos, no con la elegancia de Kate Winslet en aquella escena en la que está de pie en la proa del Titanic; pero ahí estoy con Toronto a mis pies. ¡No lo puedo creer!

 

No sé cómo, pero lo logré. Aquí estoy a 356 metros de altura en la CN Tower de Toronto, colgando de un par de cuerdas. Foto: Cortesía de Edgewalk

No sé cómo, pero lo logré. Aquí estoy a 356 metros de altura en la CN Tower de Toronto, colgando de un par de cuerdas. Foto: Cortesía de Edgewalk

Antes de ir a Toronto

Los colombianos necesitan visa para viajar a Canadá. Los documentos se deben radicar en Bogotá en el VFS (Cra 11A 93-52, oficina 303), que los recibe y los remite a la Embajada de Canadá. No lleven morral cuando vayan porque no hay dónde dejarlo adentro.

La aerolínea Air Canada opera vuelos diarios directos entre Bogotá y Toronto. El aeropuerto Pearson de Toronto presta un muy buen servicio, incluido el de iPads con conexión a internet que son de uso gratuito para los pasajeros que esperan sus vuelos. Es posible sentarse frente a estos aparatos y pedir comida con la tarjeta de crédito. La orden llega minutos después a la mesa.

Edgewalk. La CN Tower está ubicada al lado del Acuario de Ripley. La caminata por la plataforma dura unos 30 minutos. Los tiquetes cuestan 195 dólares canadienses (sin impuestos). El precio incluye el video de la experiencia, dos fotos impresas, certificado y una entrada más a la CN Tower. Es preciso hacer reservas por internet con anticipación: www.edgewalkcntower.ca

Quienes deseen participar en el Edgewalk deben pesar entre 34 y 140 kilos, y estar en buen estado de salud. Cada niño de entre 13 y 17 años tiene que estar acompañado por uno de sus padres o un guardián legal (que no necesariamente debe acompañarlo a hacer la actividad).

No pueden participar en el Edgewalk las mujeres embarazadas, las personas que tengan algún hueso roto o que hayan sido operadas en los últimos seis meses. Tampoco, quienes hayan sufrido convulsiones en los últimos seis meses, sufran dolor en el pecho o falta de aire.

Aquí publico un pequeño video de las cataratas del Niágara

*Invitación de Air Canada y Toronto Convention and Visitors Association

La CN Tower de Toronto se empina entre los edificios y ayuda a que los viajeros se orienten en esta ciudad de Canadá. Foto: Juan Uribe

La CN Tower de Toronto se empina entre los edificios y ayuda a que los viajeros se orienten en esta ciudad de Canadá. Foto: Juan Uribe

2 Comments on “Toronto, en la cornisa de la CN Tower

  1. Hola Juan,
    Que super experiencia, en ocasiones el corazon me empezó a latir mas fuerte mientras te leía. Gracias, en realidad no se si algún dia me atreva a vivir esa experiencia, ¡Un abrazo! y felicitaciones, que gran reto.

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