El taxista políglota de Cusco

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Antonio Arce era profesor de matemáticas en Cusco y se convirtió en un taxista políglota: además de quechua y español, habla inglés, francés y japonés.

Caras como la de esta señora campesina se encuentran durante un recorrido por el Valle Sagrado de los Incas. Esta zona la recorrí con Antonio Arce, el taxista políglota de Cusco. Foto: Juan Uribe

Al verlo en la estación de trenes de Poroy, en Cusco, no es descabellado adivinar que Antonio Arce hable quechua. Los ojos rasgados, los pómulos salientes y la piel tostada por el sol delatan su herencia inca, de la que se enorgullece. Lo que sí sorprende, al cabo de conversar unos minutos con él, es saber que este hombre que ofrece el servicio de transporte hasta la ciudad es un taxista políglota. Además de quechua y español, habla inglés, francés y japonés.

Antonio nació en Cusco, la ciudad peruana desde donde viajeros de todo el mundo se desplazan hasta Machu Picchu (aquí está mi post sobre avistamiento de aves allí), el principal destino turístico de ese país. Él tiene 60 años y a principios de 2006 empezó a aprender inglés. No fue el amor por las lenguas lo que lo impulsó a hacerlo, sino haber comprobado que estaba perdiendo clientes por no poder comunicarse con muchos extranjeros que a diario llegan a conocer su región.

“Llegué al aeropuerto y no hablaba nada de inglés. Lo único que recordaba era lo esencial que había aprendido en secundaria: What’s your name y esas cositas. Si me preguntaban ‘Do you speak English?’ yo decía ‘Yes, I do’. Esa pregunta, justamente, fue la que una pareja de estadounidenses le dirigió antes de subirse a su taxi. El problema consistió en que los turistas tomaron al pie de la letra el Yes, I do de Antonio.

Antonio Arce, el taxista políglota de Cusco, transporta a sus clientes por las carreteras del Valle Sagrado de los Incas. Foto: Juan Uribe

“Ellos me preguntaban cosas y yo solamente les respondía yes. Se dieron cuenta de que no hablaba inglés y se callaron. Se bajaron en la Plaza de Armas y punto. Entonces me dije: ‘Si no hablo inglés estoy muerto’”, recuerda Antonio. Su molestia no se quedó en una resolución vacía. De allí fue al Instituto Americano y se inscribió en un curso de inglés que se iniciaría un mes después.

“Allí estudié dos años y medio. Yo era el alumno de más edad, mis compañeros eran chiquillas de 16 años y muchachos de 20 que al principio me decían señor”, cuenta. A los seis meses empezó a comprobar que lo aprendido en las clases le servía para comunicarse mejor con los pasajeros angloparlantes. “Cuando llegaba alguien que hablaba inglés, yo me presentaba, les decía ‘My name is Antonio, nice to meet you, ¿How long will you be here?’ Entonces el pasajero ya se sentía feliz”, explica.

Aunque tomaba los exámenes en el Instituto, a veces no tenía tiempo para estudiar porque había demasiado trabajo. Reprobó algunos ciclos, pero no se desanimó. Incluso, muchos de sus pasajeros, al enterarse de que estaba aprendiendo inglés, le ayudaban con las tareas. “El cliente era mi segundo profesor”, dice.

Antonio Arce es el taxista políglota que conocí en Cusco. Además de quechua y español, él habla inglés, francés y japonés. Foto: Juan Uribe

Su clientela empezó a crecer simultáneamente con la variedad de servicios que ofrecía. No solamente transportaba a los viajeros desde el aeropuerto hasta Cusco sino también a visitar sitios del Valle Sagrado entre los que están las salinas de Maras, el sitio arqueológico de Moray y el pueblo de Chinchero, reconocido por la calidad de sus tejidos en lana de alpaca (aquí está mi post sobre este lugar). No faltaba la opción de llevarlos a Machu Picchu.

Antonio confiesa que jamás se le había cruzado por la mente estudiar idiomas. No obstante, luego de haber tomado clases de inglés decidió aprender a dominar el francés. “Me fui a la Alianza Francesa, me matriculé y estudié un año y ocho meses. Hubiera terminado, pero a medida que estudiaba la gente se iba retirando. Al final éramos cuatro alumnos no más”, asegura.

A pesar de no haberse graduado, aprendió lo suficiente para comunicarse bien con los pasajeros franceses, de quienes dice que, en general, regatean mucho. “Si cobras 30 soles, te dicen que pueden pagar 10”, observa. Sin embargo, fue el hecho de saber francés lo que lo condujo a aprender japonés.

El complejo arqueológico de Moray es otro de los sitios a los que el taxista políglota de Cusco, Antonio Arce, puede llevar a sus pasajeros. Foto: Juan Uribe

Uno de los pasajeros del taxista políglota era Tanaka, un ingeniero agrónomo japonés a quien no le interesaba visitar sitios arqueológicos sino las zonas donde crecían la papa y el maíz. Antonio llevaba a Tanaka a los cultivos y le traducía en inglés cuando este quería hablar con los locales.

En una ocasión el asiático, mientras conversaba en inglés con Antonio, al responder algo dijo oui por accidente. A Antonio no se le escapó el detalle: “Le pregunté – “‘Excuse me, do you speak French’? -. ‘Yes, I do’, me respondió. Le dije que yo también y él decidió que de ahí en adelante hablaríamos en francés”. El taxista se lució: “Nous sommes à Chinchero, ici les personnes sont employées dans l’agriculture, etc”.

El último día, cuando Tanaka debía tomar su vuelo para volver a Japón y Antonio lo transportaba al aeropuerto, el ingeniero agrónomo lo sorprendió con un regalo. Le dijo que, en lugar de darle una propina, le daría algo que era imposible de encontrar en Perú. “Me felicitó por estar aprendiendo idiomas a los 50 años y me entregó un libro”, recuerda.

Chinchero, donde se elaboran bellísimos tejidos en lana de alpaca, hace parte de la ruta que se puede tomar por el Valle Sagrado de los Incas con Antonio Arce, el taxista políglota de Cusco. Foto: Juan Uribe

El libro tenía información y frases en inglés, francés, español, japonés y alemán. “Entonces empecé a sacarles fotocopias a las hojas que estaban en japonés. Aprendí los números del 1 al 10; luego del 11 al 20, y así sucesivamente. También aprendí frases básicas”, dice el taxista políglota, que días después se inscribió en un curso gratuito de japonés que dictaba la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco debido a que en la región era sensible el aumento de turistas provenientes de Japón.

Tal como lo había hecho con el inglés y con el francés, Antonio se ciñó a una disciplina que lo llevó a sobresalir entre el grupo de alumnos, que al comienzo era de unos 100. Él fue uno de los 10 estudiantes que después de un año y medio habían superado las pruebas y seguían entusiasmados con las clases.

“Hubieran sido dos años, pero no llegamos a cumplirlos porque quedábamos muy pocos alumnos y la universidad canceló el curso”, explica Antonio, que entonces ya había ganado renombre entre los viajeros japoneses que llegaban a Cusco.

Construcciones de adobe abundan en el paisaje del Valle Sagrado de los Incas. Esta es una zona que Antonio Arce, el taxista políglota de Cusco, conoce muy bien. Foto: Juan Uribe

Antonio recibe cada mes entre cinco y 10 viajeros que llegan de Japón, por lo que sigue practicando el idioma. Los japoneses – explica – son muy exigentes con dos cosas: la puntualidad y que se les diga siempre la verdad. El taxista políglota reconoce que muchos de ellos se sorprenden al ver lo bien que habla japonés.

Una vez llevó del aeropuerto hasta Cusco a cuatro señoritas japonesas que permanecieron calladas durante la media hora del viaje mientras Antonio les explicaba en dónde estaban y qué encontrarían en la zona. Solamente le hablaron en la Plaza de Armas luego de estar mirándolo con asombro desde el asiento de atrás por el espejo retrovisor.

“Yo ya pensaba que ellas eran coreanas y que no me entendían, pero me dijeron que no podían creer que un inca estuviera hablando su idioma”, sonríe. A ellas las envió a Machu Picchu. Allá también tiene presencia su empresa, Mayumi Adventure, a través de la cual vende servicios de guía y alojamiento.

La pregunta es obvia: -¿El nombre ‘Mayumi’ es japonés?

“Claro”, responde. “Mi hija se llama Mayumi, como una profesora japonesa a la que yo atendía en Cusco”, cuenta. Fue esta “mochilerita” – como la llama Antonio – quien a comienzos de este nuevo siglo, cuando a él ni se le había ocurrido aprender japonés, le sugirió que bautizara así a su hija que estaba por nacer. “Ella me dijo que de esa manera mi hija podría hablar japonés y que yo también algún día lo hablaría; me dijo que era fácil”, asegura.

La única hija de Antonio tiene hoy 17 años y, al igual que su papá, habla japonés. La predicción de Mayumi se hizo realidad.

*Informes: Antonio Arce (Mayumi Adventure): (51)984650998

2 Comments on “El taxista políglota de Cusco

    • Muchas gracias por el comentario! Sí es un gran personaje.

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