Sol, calles desiertas, aire puro y silencio. De todo esto se perdieron quienes salieron de Bogotá a finales del año pasado para pasar sus vacaciones.

Los turistas navegan en botes de remos y en 'ferry' en el lago del Parque Metropolitano Simón Bolívar, en Bogotá. Foto: Juan Uribe

Los turistas navegan en botes de remos y en ‘ferry’ en el lago del Parque Metropolitano Simón Bolívar, en Bogotá. Foto: Juan Uribe

 

Mi forma de recibir el nuevo año es sencilla: bajo un cielo azul sin nubes, y sintiendo en la cara el viento aún frío de la mañana, camino en Bogotá hasta la intersección de la carrera 15 con calle 100 a respirar profundamente y llenar de aire limpio mis pulmones.

Mientras algunas personas buscan atraer la buena suerte con agüeros como comer 12 uvas a la medianoche del 31 de diciembre o usar ropa interior amarilla, yo tengo mi propia fórmula para comenzar bien los siguientes 365 días.

No se trata de ninguna superstición, sino de apreciar mi ciudad de una manera en que quienes vivimos en ella no estamos acostumbrados a hacerlo. Tal vez no me crean, pero allí, cerca del roundpoint de la 100 con 15, que usualmente es uno de los puntos más congestionados de la ciudad, el primero de enero puede uno pararse en la mitad de la calle y oír el viento acariciar las hojas de los árboles.

Es posible detenerse en la mitad de la vía y ver cómo los semáforos cambian de verde a amarillo y a rojo sin que se aproxime un solo carro. Un barrendero recorre los andenes y arrastra una caneca portátil de ruedas, pero casi no hay mugre que recoger. La ciudad parece desierta y solamente algunos ciclistas y unos cuantos peatones salen a tomar el sol con lentes oscuros.

Así se veía la calle 100 justo antes de llegar a la carrera 15, en el norte de Bogotá, el pasado primero de enero. Foto: Juan Uribe

Así se veía la calle 100 justo antes de llegar a la carrera 15, en el norte de Bogotá, el pasado primero de enero. Foto: Juan Uribe

A pesar de que la soledad es agradable, para disfrutar de la calma que se vive en Bogotá durante los primeros días del año no hace falta huir de la gente. De hecho, es tranquilizante observar cómo muchas personas se reencuentran consigo mismas en planes tan simples como recostarse sobre el pasto y almorzar bajo la sombra de un árbol en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, en el occidente de la ciudad.

En este espacio público de 113 hectáreas, la mirada se encuentra con un lago de 111.000 metros cuadrados donde los visitantes pasean en un ferry o en botes de remo y ven pasar bandadas de patos que dibujan estelas junto a la orilla.

La pista de trote de 3.160 metros permite recorrer el Parque Metropolitano Simón Bolívar, en el occidente de Bogotá. Foto: Juan Uribe

La pista de trote de 3.160 metros permite recorrer el Parque Metropolitano Simón Bolívar, en el occidente de Bogotá. Foto: Juan Uribe

El parque, donde dos Papas han celebrado misas campales (Pablo VI, en 1968; y Juan Pablo II, en 1986), también tiene una pista de trote de 3.160 metros y un camino de 3,6 kilómetros que atraviesa bosques de árboles nativos y es ideal para practicar ciclomontañismo. No faltan senderos peatonales entre las zonas verdes y una ciclovía permanente de 4 kilómetros que lo rodea, diseñada para atletas y ciclistas.

Muy cerca de allí, conectada por un puente peatonal que atraviesa la avenida 50, se levanta la biblioteca Virgilio Barco, diseñada por el arquitecto Rogelio Salmona y cuya estructura circular de ladrillo recorta la silueta de los cerros orientales. Los prados alrededor del edificio están adornados con arbustos floridos y un canal de agua que bordea un camino estrecho.

El agua y las flores son importantes en el paisajismo de la biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá. Foto: Juan Uribe

El agua y las flores son importantes en el paisajismo de la biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá. Foto: Juan Uribe

La biblioteca es apenas uno de los muchos sitios que se pueden visitar fácilmente por estos días, con la ventaja de poder atravesar la ciudad de sur a norte en no más de media hora. No hay trancones para ir al centro a ver el Museo Botero, donde no solo se exhiben 123 obras de este famoso pintor colombiano sino también otras 85 de artistas entre los que figuran Joan Miró, Pablo Picasso y Max Ernst.

Desde el balcón de la casa en la que funciona el museo se ve el cerro de Monserrate, con su iglesia blanca que se destaca sobre el cielo despejado. Es un símbolo de la capital que, como el resto de la ciudad, está bañado de sol por estos días de principios de enero. Un ícono de esta temporada en la que ya comienzan a regresar miles de personas que a finales de diciembre pasado salieron huyendo para recibir 2015 en cualquier otra parte, mientras unos pocos nos quedamos a gozar de Bogotá.

Una imagen de Bogotá el primero de enero pasado: la carrera 11 a la altura de la calle 93. Foto: Juan Uribe

Una imagen de Bogotá el primero de enero pasado: la carrera 11 a la altura de la calle 93. Foto: Juan Uribe

Datos sobre el Parque Metropolitano Simón Bolívar

La entrada al Parque Metropolitano Simón Bolívar es gratuita. Un paseo de una hora en bote de remos en el lago cuesta 15.000 pesos; media hora, 12.000 pesos.

El parque cuenta con alrededor de 910.000 metros cuadrados de zonas verdes. También, con una plaza en la que se han llevado a cabo eventos como Rock al Parque, uno de los festivales internacionales de música más importantes de América.

El Parque Metropolitano Simón Bolívar, en Bogotá, es un buen lugar para recibir el año. Foto: Juan Uribe
El Parque Metropolitano Simón Bolívar, en Bogotá, es un buen lugar para recibir el año. Foto: Juan Uribe

Algunos enlaces de páginas sobre turismo en Bogotá:

Instituto Distrital de Turismo

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