Viejo Peñol, un pueblo de recuerdos

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La réplica del viejo Peñol, el municipio de Antioquia que se inundó en 1978 para darle vida a una represa, tiene historias para contar.

La iglesia preside la plaza central de la réplica del viejo Peñol. Foto: Juan Uribe

La iglesia preside la plaza central de la réplica del viejo Peñol, adonde se llega tras un viaje por tierra de cerca de dos horas. Foto: Juan Uribe

Una cruz metálica se levanta sobre un pedestal que se asoma por fuera del agua verde del embalse Peñol – Guatapé. Es la señal de que allí yace un pueblo. Es el punto que marca el lugar donde hasta 1978 se encontraba la iglesia del viejo Peñol, el municipio del oriente del departamento de Antioquia que desapareció con el fin de convertirse en parte de un depósito diseñado para contener 1.220 millones de metros cúbicos de agua.

Luego de ser inundados por el río Nare, algunos de los valles más fértiles de la región pasaron a ser el fondo del espejo de agua más grande del país. Como resultado, 6.365 hectáreas de tierra cultivable se transformaron en una vasija gigantesca para contener agua y, con el paso de los años, en un sitio atractivo donde es frecuente ver pequeños barcos llenos de turistas.

Una cruz metálica marca el punto en el que estaba la iglesia del municipio de El Peñol antes de ser inundado en 1978 para construir una represa. Allí yace el viejo Peñol. Foto: Juan Uribe

Una cruz metálica marca el punto en el que estaba la iglesia del municipio de El Peñol antes de ser inundado en 1978 para construir una represa. Allí yace el viejo Peñol. Foto: Juan Uribe

Los visitantes suben a la cima del famoso Peñón de Guatapé, una roca de 200 metros de altura. También llegan a estar a cerca de medio kilómetro de distancia de la cruz que brota de la represa, y más próximos todavía a otra cruz: la que corona una iglesia que preside la plaza central de la réplica del antiguo pueblo de El Peñol.

La copia del corazón del viejo municipio es fiel. Así lo asegura Gloria Marín, una señora que vende dulces a unos pocos pasos de la reproducción de la iglesia de lo que fue el pueblo en el que nació. “Esto es igualito a como era: las casas, los balcones. Falta que afuera de la iglesia pongan las imágenes de San Pedro y San Pablo en unos pedestales, pero es igual”, afirma.

Gloria Marín vende dulces en la copia de la plaza central del viejo Peñol, el pueblo en el que nació y donde vivió hasta los 14 años. Foto: Juan Uribe

Gloria Marín vende dulces en la copia de la plaza central del viejo Peñol, el pueblo en el que nació y donde vivió hasta los 14 años. Foto: Juan Uribe

Sus ojos verdes parecen sonreír cuando habla del bien que la réplica del viejo Peñol les ha hecho a ella y a los comerciantes que trabajan en este sitio. “El último año ha sido el mejor desde que estamos aquí porque esto es paso obligado de los turistas. Antes dábamos gracias por que subiera un carro; pero ahora llegan dos o tres buses al día”, asegura Gloria.

Sentada bajo un toldo blanco, Gloria recibe con amabilidad a los turistas que le piden manjar de coco, brevas con arequipe, dulces de guayaba y otras delicias. Aunque permanece ocupada, es generosa con su tiempo para hablar sobre cómo fue la mudanza desde el antiguo pueblo de El Peñol hasta el nuevo Peñol.

Los balcones de las fachadas en el marco de la plaza central que imita la del viejo Peñol les traen recuerdos a quienes habitaban en ese pueblo del oriente de Antioquia. Foto: Juan Uribe

Los balcones de las fachadas en el marco de la plaza central que imita la del viejo Peñol les traen recuerdos a quienes habitaban en ese pueblo del oriente de Antioquia. Foto: Juan Uribe

Ella tenía 14 años cuando Empresas Públicas de Medellín inundó el municipio para hacer la represa. “Era un pueblo muy tranquilo. Los vecinos eran conocidísimos, pero cuando nos trasteamos los compañeros de estudio, los más amigos, quedaron lejos”, recuerda.

No guarda buenos recuerdos de la forma en que los habitantes se vieron obligados a dejar todo atrás. Incluso – dice -, de no haber sido porque el padre de la parroquia se apresuró a construir un cementerio nuevo para trasladar a los difuntos, estos habrían terminado bajo el agua. “Sacaron como a 1.700 muertos. Se suponía que las tres torres de la iglesia se iban a poder ver sobre el agua, pero dinamitaron la iglesia. Eso fue muy triste”, recuerda.

Los turistas pueden entrar a la réplica de la iglesia del viejo Peñol. Foto: Juan Uribe

Los turistas pueden entrar a la réplica de la iglesia del viejo Peñol. Foto: Juan Uribe

En el espacio que ocupa la réplica de la plaza hay tiendas que ofrecen de todo: sombreros, gorras, mochilas y gafas oscuras; imitaciones en miniatura de esculturas de Fernando Botero; jugos de frutas, empanadas, helados, café y aguardiente.

Aunque admite que fue doloroso abandonar su casa en el viejo Peñol, Gloria es optimista al hablar de su nueva vida. Aquí en la falsa plaza central de lo que fue su pueblo trabaja al lado de su hija, Laura Victoria Montoya, que elabora artesanías.

Esta foto es uno de los testimonios de cómo era la plaza principal del viejo Peñol antes de ser inundado en 1978 para construir una represa. Foto: Juan Uribe

Esta foto es uno de los testimonios de cómo era la plaza principal del viejo Peñol antes de ser inundado en 1978 para construir una represa. Foto: Juan Uribe

Ambas conversan durante los escasos momentos de descanso en que hay pocos turistas. Hoy es un viernes cualquiera y, sin embargo, el flujo de clientes es constante. Su negocio, ‘El Vaticano’, marcha bien. Ella lo bautizó así por una buena razón. “Tengo un hijo de 18 años, Daniel, que está en el seminario en Marinilla (un municipio cercano), y este negocio tiene que darme para mandar a mi hijo al Vaticano”, explica con una sonrisa.

En ocasiones la mirada de Gloria se extravía en las fachadas del marco de la plaza simulada y sus palabras se tiñen de melancolía. “Me acuerdo de quienes vivían en los balcones, da nostalgia. Vienen unos muchachos de teatro los sábados y los domingos, presentan una obra contando la historia del viejo Peñol y yo todavía me erizo. A mí se me chocolatean los ojos”, confiesa.

Gloria vuelve a echar un vistazo a la iglesia y al marco de la copia de la plaza del viejo Peñol, el pueblo en el que nació y en el que vivió hasta los 14 años. “Es igualito”, repite. En la distancia, sobre las aguas verdes del embalse, la cruz de metal puede verse todavía apuntando al cielo.

En la réplica de la plaza central del viejo Peñol se venden artesanías que hablan de la historia de los pueblos de Antioquia. Foto: Juan Uribe

En la réplica de la plaza central del viejo Peñol se venden artesanías que hablan de la historia de los pueblos de Antioquia. Foto: Juan Uribe

 

Viejo Peñol y nuevo Peñol

El viaje entre Medellín y el municipio de El Peñol se efectúa por tierra y dura aproximadamente dos horas. El recorrido es bastante curvo, por lo que es aconsejable que quienes se mareen fácilmente tomen las precauciones que crean convenientes. Una de ellas, que recomiendo porque me ha funcionado siempre, consiste en comer aceitunas (aquí está la entrada que escribí al respecto).

La réplica del viejo Peñol es muy distinta del conjunto de construcciones que reemplazó al pueblo antiguo, que había sido fundado el 20 de junio de 1714. Mientras la copia conserva las líneas arquitectónicas de varios municipios antioqueños y rescata los colores en las fachadas y en los balcones, el nuevo tiene el aspecto de un barrio cualquiera de una ciudad populosa.

Conozca aquí a Jardín, el pueblo más lindo de Antioquia.

La copia de la plaza central del viejo Peñol pretende mostrar cómo era el corazón de ese pueblo que fue inundado en 1978 para hacer una represa. Foto: Juan Uribe

La copia de la plaza central del viejo Peñol pretende mostrar cómo era el corazón de ese pueblo que fue inundado en 1978 para hacer una represa. Foto: Juan Uribe

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